Gabriel García Urrutia: Creo que me exilié de mi país antes de que mi país me desterrara

 

Por: Patricia Chung

Poeta, ensayista, escritor a tiempo completo. Maracucho de nacimiento pero radicado en Buenos Aires. En su primer poemario Letras de mi corazón plasmó ideas que van desde el amor hasta lo oscuro del llanto. En entrevista a QUÉ LEER nos habló sobre su más reciente Prosario un conjunto de 21 poemas que convierten el dolor del exilio en arte, en poesía. No ha cambiado la gaita por el tango pero trabaja en el sur para hacerse un nicho como escritor. Lo importante es no dejar de soñar, afirmó.

“Prosario para leer desde el exilio” refleja un alma desnuda, uno siente esa nostalgia que arruga el corazón. ¿Qué te impulsó a escribir este segundo libro?

Cuando uno empieza a escribir, casi nunca es pensando en el libro, de hecho, algunos de los textos de Prosario nacieron para otros proyectos pero cuando decidí que debía darle forma al conjunto de textos, se fueron uniendo. El primer texto que escribí de esa serie fue el 31 de mayo en el sur, un texto que me regalé de cumpleaños, fue una especie de pañito de lágrimas, era otoño en Buenos Aires y no paré de seguir escribiendo. Creo que fue para un concurso literario cuando decidí que tenía que hacer el libro, se suponía que la participación era con un conjunto de textos así que le fui dando forma con más textos y algunos sueltos que tenía y encajaban perfectamente. Prosario para leer en el exilio nació cómo nace la nostalgia, aparece no más y se apropia del momento.

 

El exilio forzado, deseado, involuntario. Cada quien maneja un exilio propio. ¿Cómo fue el tuyo?

Mi exilio fue un mix, digamos. Desde siempre me gustó Buenos Aires cómo una opción para migrar, antes de conocer a la mamá de mi hijo, mi futuro lejano estaba en Argentina, sin embargo las cosas se dieron rápido y con el nacimiento de mi hijo y la situación país apareció sobre la mesa la opción de salir y cómo primera opción estaba el sur del sur. Creo que me exilié de mi país antes de que mi país me desterrara.

¿Cómo llenas el vacío del exilio?

Creo que el exilio no deja un vacío, más bien abre nuevos espacios. Cuando te vas de tu tierra uno siente en primera instancia que te falta algo o alguien, pero la realidad es que eso que extrañas, lo extrañas en el mismo lugar, cuando pasan los días y los años ese algo muta, todo está en constante mutación. Si te fueras un año del país y vuelves, te darás cuenta que eso que estabas extrañando, ya no está o simplemente cambió, ya no se parece a eso que extrañabas, por lo cual mi conclusión es que el exilio solo te abre espacio para nuevas cosas, a veces es traumático y a veces es amigable, pero siempre es una oportunidad para crecer y llenar de texto tus páginas. Lo que dejaste atrás sigue estando dentro tuyo donde lo quieres o lo dejaste, pero en lo terrenal, mutó.

Lo que impacta a un inmigrante es el choque contra una cultura que no es la suya. ¿A cuáles costumbres te costó más adaptarte en Buenos Aires?

Por suerte Buenos Aires tiene ese toque que sólo los puertos tienen, si bien es cierto que hay muchas diferencias, abismales diría, Maracaibo y Buenos Aires son dos puertos que tienen esa mezcla de oleaje y furia. Creo que toda mi vida me preparé para estar aquí, estuve muy cerca siempre de la música y su cultura y por eso no me fue extraño estar acá. ¿Costumbre? Los desayunos, el argentino puede empezar el día con un café/mate y un par de medialunas  dulces, todavía mi estómago necesita de las empanadas fritas con carne y guasacaca.

¿Qué es lo que más anhelas de tu Maracaibo natal?

El Sol. En la capital porteña de buenos aires, el verano es mucho más húmedo que el calor de Maracaibo y te hace pasarla mal, muy mal. En Maracaibo uno se queja del Sol, pero la verdad es que nuestro sol brilla diferente, no hay nada cómo pasar el puente con las ventanas abiertas y la pepa del sol a un costado.

Es fuerte decir que uno es extranjero en su propio país. ¿Por qué llegaste a esa conclusión?

Si bien la palabra extranjero está más ligado al ser extra, diferente al país donde estás, por lo cual implica también tener derechos diferentes, la posición del extranjero es más compleja, porque vos podéis tener los mismos derechos y estar en el lugar donde siempre estuviste, pero cuando te sientes extraño, cómo que no encajas, empiezas a sentirte extranjero, de repente las personas que tienes alrededor ya no hablan tu mismo idioma figurativamente. Cuando de repente la gente en tu urbanización dejó de ser servicial y amable entre ellos y empezaron a jugar al sálvese quien pueda y las familias empezaron a desconocerse y el prójimo ya no te mira cuando estás en peligro, el individuo pasa a ser un extranjero de su contexto, porque no se reconoce cómo parte de ello.

¿Son tus madrugadas oscuras o calmas?

Turbulentas. La calma la conocen los que duermen y esperan la noche y la madrugada para dormir. Para mí dormir es un constante conflicto porque es la madrugada cuando más actividad tiene mi cerebro y siempre siento que dormir es dejar de hacer algo. Neimarú siempre se ríe de mí porque cuando me despierto después de haberme quedado dormido por accidente, lo suelo hacer de mal humor porque seguro tenía planeado hacer otra cosa.

¿Cambiaste la gaita por el tango?

Nunca. El tango tiene lo suyo, lo disfruto. Pero la gaita es la mayor expresión de mi identidad. Cada vez que puedo agarro el cuatro e intento seguir aprendiéndome las gaitas que me erizan la piel.

¿Cuáles son tus hábitos como escritor? ¿Cuál es tu hora favorita para hacerlo?

Las horas de las ánimas le digo. La madrugada después de la media noche cuando empieza a entrar el silencio. Normalmente me tomo una hora para ponerme al día con correos, reviso redes sociales e intercalo con lectura de algún autor o de algún género en particular que esté escribiendo. Cuando llega el momento, cierro todo lo que me pueda distraer, me pongo los auriculares y pongo un playlist bastante aleatorio y empiezo a escribir, solo paro para corregir errores obvios, la corrección la hago al finalizar u otro día.

 

¿Vives de tu oficio de escritor en Buenos Aires?

Estoy trabajando en ello. Actualmente intercalo un trabajo de oficina con mis otras habilidades y poco a poco voy haciéndome un nicho cómo escritor, es un país nuevo, casi todo mi público lo dejé en Venezuela, pero con esto de las redes sociales cada vez me acerco a nueva gente por estos lados. Escribo para un portal donde hago reseñas y coberturas de eventos así que me mantengo también activo como periodista y al ser un portal argentino de paso me muestro.

Un poeta tiene la obligación de disentir, ¿Qué le dices a tu querida patria Venezuela y a los que aún viven allí?

Vendrán tiempos mejores, pero la patria no es un territorio, la patria la lleva uno por dentro, los que aún están en el territorio, disfrútenlo y los que no, buena suerte allá afuera.

¿Es emigrar la solución para los jóvenes que quieren vivir del oficio de escribir?

Sí. Por muchas razones, pero principalmente económica. La literatura no morirá pronto, ni los libros impresos ni los poetas. Pero la realidad es que si en un país no te alcanza el sueldo mínimo de un oficinista, imagínate lo que sería para un escritor intentar sobrevivir con la venta de un libro auto gestionado y sin público. Yo por ejemplo sigo vendiéndome en Venezuela y mi público principal está en Venezuela o son venezolanos, pero lo que representa un libro vendido en una moneda extranjera, son aproximadamente dos o tres en Venezuela. Nada es imposible, pero cada quien sabrá su posibilidad. Lo importante es no dejar de creer en el sueño, en Venezuela, en la China o donde sea, si quieres vivir de la escritura, hacelo, aunque te toque comer pan duro y agua al principio, imagínate que cuando mueras, tu nombre quedará volando por ahí, siendo leído por otros.

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