Cabinas telefónicas como pequeñas bibliotecas

Londres, Berlín y Nueva York reinventan las cabinas telefónicas como pequeñas bibliotecas.

Londres fue la pionera. Con el aumento de la telefonía móvil e internet, las icónicas cabinas rojas que son un referente turístico de la ciudad del Támesis, estaban quedando sin uso práctico. Sólo como soporte para rayar y pintar graffitis o en el peor de los casos, como baños públicos improvisados. Pero en 2009 la firma British Telecom desarrolló la campaña  “Adopte una cabina” a través de la cual la empresa inglesa animaba a los municipios y administraciones locales a apadrinar una por el simbólico precio de una libra.

Una biblioteca interactiva

Los resultados no se hicieron esperar. Desde la puesta en marcha de la campaña, más de 1500 cabinas se han recuperado para los más diversos usos: puestos de flores, centros de información, instalaciones de arte y hasta lugares para guardar desfibriladores (vitales en la reanimación de personas que sufren paros cardiorrespiratorios). Sin embargo, de todos los usos, el más popular es el bookcrossing, un sitio donde intercambiar libros para dejar los ya leídos y tomar otros.

Por su parte, en Alemania el gobierno ha dejado la iniciativa  en manos de sus ciudadanos. Tras comprar las cabinas, éstas son decoradas y habilitadas con estanterías para colocar libros de diferentes temáticas. Es una excusa perfecta para dejar libros ya leídos en lugar de tirarlos, además de permitir que otras personas puedan disfrutar de la lectura sin gasto alguno, incluso varias cabinas cuentan con bancos para animar la lectura in situ. Hasta el momento la iniciativa no ha sufrido grandes actos de vandalismo, y las personas continúan leyendo libros de papel, sin necesidad de utilizar los sofisticados ebooks.

Nueva York y Madrid se suman al uso de las cabinas

En Estados Unidos, especialmente en Nueva York, las cabinas telefónicas también se han vuelto casi obsoletas. Con el uso generalizado de los teléfonos móviles, son contados los casos en los que los usuarios realizan llamadas desde las cabinas.

Por ello el arquitecto John Locke, fundador del Departamento de Mejoramiento Urbano de la ciudad decidió convertir algunas cabinas telefónicas en bibliotecas de préstamo, instalado estantes de madera contrachapada en el interior de las cabinas, sin dificultar el uso del teléfono.

Así, las bibliotecas de pop-up (libro móvil) permiten a residentes y turistas tomar libros para leer, y a su vez dejar las obras usadas para que otros los lean.

En Madrid la iniciativa más similar es el Bibliometro, un sistema de préstamo gratuito de libros que se realiza en el Metro. En varias estaciones se han colocado módulos con libros que se entregan en calidad de préstamo por un periodo de 15 días a los usuarios del Metro.

 

Pudiera parecer que los libros se están convirtiendo a pasos agigantados en algo tan anticuado como las cabinas telefónicas, sin embargo estas iniciativas se niegan a su desaparición y se han convertido en lugar sugerente, propicio sobre todo para incitar a la lectura. Y lo que ese mejor: permiten dar una segunda oportunidad a los libros que a veces se amontonan en las casas  y que podrían ser útiles para otras personas. Ojalá la idea florezca en otras ciudades del mundo.

FUENTE: http://canariascnnews.com

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