Zakarías Zafra Fernández: “El libro impreso sigue dominando buena parte del mercado y que –pensemos– tendrá un extraordinario futuro por delante”

Por Patricia Chung

El escritor larense vive en Ciudad de México y su trabajo literario inédito abarca la narrativa breve, el ensayo y la dramaturgia. Es también editor y músico. Explicó a QUÉ LEER que asumió por casualidad el reto de escribir un libro para niños. Afirma que su poesía es búsqueda. Zakarías nos habló de su presente, su futuro y el país que quiere.

 

Escribir un libro para niños fue una aventura que tuviste la oportunidad de vivir por primera vez, ¿Qué te motivó a hacerlo?

Fue, más bien, producto de una casualidad. Por medio de alguno de los proyectos editoriales en los que estoy trabajando en México, surgió la idea de editar un libro para niños con historias propias de la región. Entre la editorial y la fundación que lideraba el proyecto me propusieron aventurarme en la escritura del texto y ahí estuve, de repente, subido a ese reto que es escribir para niños. Nunca antes lo había hecho y la experiencia fue muy grata. Es un encuentro muy particular con el lenguaje y con las ideas.

¿Cómo es ese mundo mágico que les cuentas a los niños inspirado en la región boscosa de Arteaga en Michoacán, México?

No es tanto mágico como imaginativo. En él la tradición cultural dialoga con el entorno cotidiano de los personajes. Hay una actualización de los mitos y leyendas de la región en historias breves, amenas, en las que los niños toman todo el protagonismo frente a conflictos que rozan tanto a sus esferas familiares como a las colectivas.

Todo libro infantil tiene alguna enseñanza, ¿Qué pretendes dejar en la imaginación de los pequeños lectores?

La intención inicial de la edición, que es quizás la que se cumple en el texto, es brindar a los niños un escenario de reconocimiento de sus tradiciones culturales, a la vez que ofrecer una mirada a los principales valores humanos y ciudadanos que todo ser social debería desarrollar para con los suyos. Lo que más puedo destacar en estos cuentos es la presencia de los mitos, relatos y leyendas locales (entendidos estos como formas espontáneas de saber) como herramientas para resolver problemas cotidianos de forma sensible y natural.

 

Actualmente vives en la ciudad de México y eres Coordinador Editorial de Bibliotechnia, plataforma de libros electrónicos en español para América Latina. Cuéntanos sobre el trabajo que realizas, más aun cuando se ha vuelto tan importante leer libros digitales.

Mi labor tiene dos grandes áreas: la gestión de contenidos editoriales digitales en la plataforma, y la edición de libros impresos de múltiples temáticas para diversos grupos de lectores. Por una parte, manejo relaciones con más de 60 casas editoriales de Hispanoamérica y, por otra, coordino el proceso editorial de libros para diversos estados de la República Mexicana. Es un trabajo con mucha presión y responsabilidad que me ha enseñado muchísimo sobre el mundo actual del libro.

La tecnología ha masificado los contenidos, ¿Cómo eso  ha impactado el mercado editorial actual?

Eso es algo bien curioso. El mundo digital está aún por explorar, al menos en el contexto editorial en habla hispana. Hay mucha desconfianza por parte de las editoriales a lanzar sus fondos en digital, como también hay mucho desconocimiento con respecto a las posibilidades de lectura, métodos de distribución y herramientas/niveles de seguridad de los contenidos. Es, insisto, todo un universo por conocer. Lo que sí he visto con asombro (y alegría) es que el libro impreso sigue dominando buena parte del mercado y que –pensemos– tendrá un extraordinario futuro por delante.

 

 

Has publicado 4 poemarios ¿Cómo defines tu poesía? ¿Cuál es tu principal fuente de inspiración?

No podría definirla. Incluso, me da hasta miedo asegurar que es poesía. Más que inspiración te hablaría de búsqueda, que, en definitiva, es la honestidad en la escritura.

¿Cómo combinas la poesía y la música?

Supongo que con la obsesiva construcción musical de la frase. Escribo como “tañendo” cada palabra, probando sus temperamentos, trazando una especie de arco melódico en cada línea. “Se escribe también con el oído”, dijo más o menos Cortázar, y a él le doy la razón.

¿Cuál de estas artes te gusta más?

Las dos tienen un contexto de recepción y creación particular, a veces muy distinto. La música, sí, es una compañera más “constante” que la poesía; esta última exige un silencio y un desproveerse que no siempre están con uno. En todo caso, son los pilares de mi vida sensible, de mi comprensión de mundo, de mi acercamiento a la dimensión simbólica del otro y de las cosas.

¿Cuán importante es la poesía para manifestar desacuerdo,  rechazo o resistencia?

Lo es, siempre y cuando se haga desde la honestidad radical. La poesía es muy exigente, casi implacable, respecto a estas cosas. “Ser contraste”, como dice Cadenas, no es simplemente asumir una postura ni practicar un ejercicio de queja (de hecho, no se puede convertir al poema en un recipiente de denuncias). Al contrario, debe convertirse el lenguaje en denuncia misma y la palabra, como la memoria y el cuerpo que la sostienen, en espacio de resistencia.

¿Qué libro estás leyendo?

Fragmentos de un discurso amoroso, de Roland Barthes. Estoy en la tercera relectura. Tengo detenidos a Kundera, Milosz y Foster Wallace, hasta que salga de este deslumbramiento.

¿En cuáles proyectos trabajas actualmente?

En un libro de géneros breves que estoy terminando, dos libros de poesía que están en reposo y una novela que está en plena escritura.

En abril del 2016 escribiste el siguiente texto: “Miro en mí este dolor de país y trato de no quebrarme en llanto. Este país perdido, oculto, disuelto. Este país que nos quebró las rodillas y nos dejó sin abrigo y sin futuro. A mis 28 años no sé a dónde voy a parar. Si este es el país por el que lucho, siento de entrada una derrota. Y no quiero pensar que ese sea el signo de mi generación: el fracaso”. Ha transcurrido más de un año, ¿Cuál es la vigencia de tu reflexión?

No lo sé. Ahora tengo 30, estoy fuera del país y la herida sigue abierta. Supongo que la vigencia, al menos para mí, es mi dolor.

Has escrito también: “El país colectivo es la suma de nuestros paisajes íntimos, esa suma es el país que tenemos y de ahí debemos sacar el país que queremos” . Y yo te pregunto ¿Cuál es el país que quieres?

Un país que nos contenga.

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