Edgar Allan Poe escribió al amor tanto como a la muerte

“¿Deseas que te amen? No pierdas, pues,

El rumbo de tu corazón”.- Poe

Con colaboración de Silvia Moya.

Edgar Allan Poe es conocido – principalmente – como cuentista del horror, pero en vida, esa era su forma de ganarse la vida… no su pasión. Él era poeta, uno de alma noble, rebelde, melancólica, y enamoradiza.

Es cierto que el escritor estadounidense sufrió el fallecimiento de sus padres a temprana edad, y el desprecio de su papá adoptivo. También que lo dejó más de un amor debido al misterio de la muerte, o que se sumergió en el alcohol durante temporadas, perdiéndose a sí mismo.

Sin embargo, fue un hombre que amó reiteradas veces, y que se desbordó en todo tipo de sentimientos, provocados por todo tipo de situaciones, que lo llevaron a escribir brillantemente en la corriente que fundó: Romanticismo Oscuro.

Letras, poemas, cartas, profirió a las mujeres que lo subyugaron con sus encantos, llevándolo a las más intensas rimas, los más dechados versos, y el epitome de la prosa, que hoy gozamos.

  • Extracto de Eleonora, cuento que Edgar Allan Poe inspiró en Virginia Clemm, quien fue su prima, y esposa:

“… Las pasiones que durante siglos habían distinguido a nuestra raza llegaron en tropel con las fantasías por las cuales también era famosa, y juntos respiramos una dicha delirante en el Valle de la Hierba Irisada. Un cambio sobrevino en todas las cosas. Extrañas, brillantes flores estrelladas brotaron en los árboles donde nunca se vieran flores […] Y una nube voluminosa que habíamos observado largo tiempo en las regiones del Héspero, flotaba en su magnificencia de oro y carmesí, y, difundiendo paz sobre nosotros, descendía cada vez más, día a día, hasta que sus bordes descansaron en las cimas de las montañas, convirtiendo toda su oscuridad en esplendor y encerrándonos como para siempre en una mágica casa-prisión de grandeza y de gloria”.

  • Fragmento de carta a Helen Whitman, poetisa con quien tuvo un amorío:

“He apretado tu carta una y otra vez contra mis labios, dulcísima Helen, bañado en lágrimas de alegría, o de una ‘divina desesperación’. Pero yo, quien tardíamente, en tu presencia, alardeaba sobre el  ‘poder de las palabras’ ¿de qué me sirven ahora?

Yo puedo creer en la eficacia de las plegarias al Dios de los Cielos, yo puedo efectivamente arrodillarme humildemente, arrodillarme en esta la más formal época de mi vida suplicando de rodillas por palabras, pero las palabras que pueda revelarte, más vale que me permitan yacer desnudo junto a ti, mi entero corazón. Todos los pensamientos, todas las pasiones, parecen ahora mezcladas en este único deseo que me consume…”.

  • Fragmento Annabel Lee, uno de los poemas más hermosos de Poe, y conocidos, aunque misterioso por no saber para quién era.

“Pues la luna ascendente, dulcemente,

tráeme sueños de Annabel Lee;

como estrellas tranquilas las pupilas

me sonríen de Annabel Lee;

y reposo, en la noche embellecida,

con mi siempre querida, con mi vida;

con mi esposa radiante Annabel Lee

en la tumba, ante el mar, Annabel Lee”.

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