Los libros que acompañan a Paul Auster

FUENTE: http://www.nytimes.com/

¿Qué libros tienes en tu mesa de noche?

Solo dos: las ediciones de Library of America de los libros Collected Essays y Early Novels and Stories de James Baldwin. No había vuelto a leer nada de Baldwin desde la preparatoria (hace mucho tiempo, pues me gradué en 1965) hasta hace poco y como la novela en la que trabajaba se desarrolla sobre todo en las décadas de los cincuenta y los sesenta, me sumergí en ellos muy diligentemente, para tener otra perspectiva.

La obligación pronto se convirtió en placer, asombro y admiración. Baldwin es un escritor sobresaliente en ambos frentes: la narrativa y la no ficción, y yo lo incluiría entre los grandes escritores estadounidenses del siglo XX. No solo por su audacia y su valor, no solo por su amplia gama de emociones (que van de la furia hirviente a la ternura más delicada), sino por la calidad de la escritura misma, la gracia cincelada de sus oraciones. La prosa de Baldwin es lo que yo llamaría “clásica estadounidense”, en el mismo sentido que Thoreau es un clásico, y en sus mejores textos yo creo que Baldwin está completamente a la altura del mejor Thoreau. Extrañamente, terminé de leer los dos libros hace más de un año, pero siguen en mi mesita de noche. No sé decir por qué: solo me gusta tenerlos ahí. Me consuelan.

¿Cuál es el último gran libro que has leído?

A Woman Looking at Men Looking at Women, una colección vasta e impresionante de ensayos escritos por Siri Hustvedt, pero como resulta que estoy casado con Siri, déjame darte otra opción: Oreo, una novela de Fran Ross que primero publicó una pequeña editorial en 1974, recibió poca o nula atención, y luego desapareció de la faz de la Tierra hasta que la reimprimió New Directions en 2015. Tristemente, fue la única novela que Ross escribió y es todavía más triste que Ross murió a los 50 años en 1985.

Pero es una pequeña y divertida obra maestra, de verdad es una de las más placenteras, hilarantes e inteligentes novelas con que me pude haber topado en los últimos años, un trabajo totalmente original escrito en un lenguaje maravillosamente mezclado, que combina una elevada prosa académica, la jerga de la gente de color y el yiddish, con lo que se crea un asombroso efecto. Debo haberme carcajeado unas cien veces y es un libro corto, como de 200 páginas, lo que da en promedio una risotada cada dos páginas.

¿Cuál es la mejor novela clásica que leíste por primera vez recientemente?

Al faro, de Virginia Woolf. Leí un par de libros de Woolf cuando tenía 18 años (Las olas y Orlando); no me gustaron mucho y la borré de mi lista durante los siguientes 51 años, un error muy tonto. Al faro es una de las novelas más hermosas que he leído. Me tocó internamente, me hizo temblar y en muchas ocasiones me sentía a punto de llorar.

La musicalidad de sus oraciones largas y circulares, la discreta profundidad de su emoción, los ritmos sutiles de su estructura me parecían tan conmovedores que la leí tan despacio como pude, leyendo tres o cuatro veces cada párrafo antes de pasar al siguiente.

¿Podrías contarnos si tienes un libro favorito que sea poco conocido?

Weeds of the West, un manual de 628 páginas ilustrado profusamente, escrito por un equipo de especialistas en hierbas y publicado por la Sociedad Occidental de Ciencias de las Hierbas. Las fotografías a color son espléndidas para ver, pero lo que más me gusta del libro son los nombres de las flores silvestres: ambrosia tormentosa, hierba de Santiago, cardo mariano, hierba de la muerte, hierba de la golondrina, albejana basta, epilobio, hierba espiguera. Hay cientos de ellas, y el puro placer de leer esas palabras en voz alta siempre me levanta el ánimo. La poesía de la tierra de Estados Unidos.

Cuéntanos sobre tus historias favoritas de Nueva York.

Hay tantas, tantas decenas recolectadas a lo largo de tantos años, pero a la luz del odio vertido en contra de los inmigrantes por el presidente electo, te hablaré de esta porque el personaje estelar es una inmigrante. Mi papelería local en Brooklyn pertenece a un hombre que nació en China. Su ayudante nació en México y la mujer a cargo de la caja nació en Jamaica.

En una tarde fría de hace varios meses, mientras estaba parado frente al mostrador preparándome para pagar, la cajera jamaiquina notó que tenía flujo nasal (por el clima frío), pero en lugar de ignorarlo o decirme que me limpiara la nariz, sacó un pañuelo limpio de su caja de Kleenex, se inclinó sobre el mostrador y me limpió. Muy amablemente, debo añadir, y sin decir una sola palabra. ¿Estuvo mal que me tocara sin mi permiso? Seguro algunas personas pensarán que sí. Pero, desde mi perspectiva, fue un acto de gentileza inusual y le agradecí haberme ayudado. Otro ejemplo de la vida en la República Popular de Brooklyn.

¿Qué lees cuando estás trabajando en un libro? ¿Qué tipo de lecturas evitas cuando estás escribiendo?

Nada de narrativa mientras trabajo en una novela (solo cuando ya la terminé y antes de comenzar algo nuevo), pero la poesía, la historia y las biografías son aceptables, así como libros que me ayuden en la investigación de diversas cosas relacionadas con el libro que estoy escribiendo.

La verdad es que leo mucho menos que cuando era joven y debido a que la lucha para escribir mis propios libros puede ser tan agotadora (tanto física como mentalmente), con frecuencia me dejo caer en el sillón después de la cena, prendo la televisión y veo a los Mets (durante la temporada de béisbol) o películas viejas en TCM con Siri (que está tan cansada de su trabajo como yo). En mi humilde opinión, las dos más grandes mejoras en la vida estadounidense en los últimos 20 años son la invención de TCM (¡una cineteca en la sala de cualquier persona!) y los timbres postales autoadheribles.

¿Qué libro podría sorprender a la gente si ve tu biblioteca?

English as She Is Spoke: The New Guide of the Conversation in Portuguese and English de Pedro Carolino, publicado por primera vez en Estados Unidos en 1883, con introducción de Mark Twain. Como señala Twain: “Nadie podría aumentar lo absurdo de este libro” y efectivamente es ridículo: un manual de inglés escrito por alguien que no tenía la menor idea de ese idioma.

Más de cien páginas llenas de oraciones como: “You have there a library too many considerable, it is a proof your love for the learnings” [Ahí tienes una bibilioteca considerable demasiado, eso es prueba tu amor por los aprenderes] o “Nothing is more easy than to swim; it do not what don’t to be afraid of” [Nada es más fácil que nadar; eso no eso no hay que temerlo]. El libro es dadaísmo puro y, como escribe Twain, “su inmortalidad está asegurada”.

¿Cuál es el mejor libro que te han regalado?

The Collected Stories of Isaac Babel, que me regalaron cuando cumplí 17. Abrió una puerta en mi mente, y detrás de esa puerta encontré la habitación donde quería pasar el resto de mi vida.

¿Quién es tu héroe o heroína de ficción favorito(a)? ¿Y tu antihéroe o villano favorito?

Don Quijote y Raskolnikov.

¿Qué tipo de lector eras de niño? ¿Qué libros y autores infantiles se quedaron grabados en tu mente?

Tengo recuerdos vívidos de Peter Rabbit, un libro que mi mamá debió haberme leído miles de veces. También una colección de cuentos en tres tomos de Hans Christian Andersen. Cuando tenía nueve o diez años, mi abuela me dio una colección de seis tomos de libros de Robert Louis Stevenson que me inspiró a comenzar a escribir cuentos que comenzaban con oraciones efervescentes, como: “En el año del Señor de 1751 me encontré dando tumbos ciegamente en medio de una enfurecida tormenta de nieve, intentando dar con el camino de regreso al hogar de mis ancestros”.

El primer libro que compré con mi propio dinero fue Cuentos y poemas completos de Edgar Allan Poe (en la edición Modern Library Giant) a los diez u once años. Mi primera gran pasión literaria fue Sherlock Holmes, de Conan Doyle. Mi peor tropezón de juventud fue mi segunda compra de un libro. Boris Pasternak acababa de ganar el Premio Nobel y de pronto era el autor del que más se hablaba en el mundo. Como quería saber a qué se debía tanto alboroto compré un ejemplar de Doctor Zhivago. Tenía 11 años y medio, más o menos. Apenas llevaba una página de la novela cuando me di cuenta de que no iba a entender nada. En ese momento estaba tan fuera de mis capacidades que tuve que rendirme. A la fecha, todavía no he leído Doctor Zhivago. He leído innumerables poemas de Pasternak desde entonces, pero ni una vez he regresado a la novela.

Si organizaras una velada literaria, ¿a qué tres autores, vivos o muertos, invitarías?

Dickens, Dostoievski y Hawthorne.

Decepcionante, sobrevalorado o simplemente malo: ¿qué libro sientes que debió haberte gustado pero no fue así?

No es que no me guste Huckleberry Finn. De hecho, diría que el primer tercio de la novela está entre las mejores cosas que he leído jamás escritas por un autor estadounidense y, debido a ese brillante primer tercio, casi todo el mundo comparte esa opinión. Sin embargo, después de despegar con ese comienzo tan emocionante, Twain dejó el manuscrito y no regresó a él durante varios años.

El segundo tercio del libro todavía es bueno, a veces, excelente (las famosas escenas de Huck y Jim en el río, con todos esos coloridos personajes), pero carece de la profundidad y la originalidad del primer tercio. Luego viene el último tercio y una vez que Tom Sawyer aparece en la historia, el libro se cae. Su tono y su humor no están bien desarrollados y la cruel broma que le hacen a Jim parece contradecir todo lo anterior.

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