#ReseñaQuéLeer: El incendio de San Porfirio

QueLeer.- El escritor norteamericano que vivió muchos años en Venezuela, Joel Hirst nos presenta su segundo y definitivo libro, “El Incendio de San Porfirio”, la continuación de “El Teniente de San Porfirio“. En esta ocasión, su historia se convierte en un relato cruento, muy realista lleno de personajes y elementos decadentes que hacen vida  en San Porfirio de la Guacharaca y los alrededores de la República Socialista Revolucionaria de Venezuela. Vuelve a mostrarnos  su gran habilidad descriptiva para recrear personajes, situaciones y lugares. Puede apreciarse claramente una transición temporal entre las dos historias.

El incendio de San Porfirio

El Comandante ha muerto- y eso desencadena una serie de acontecimientos. Los hilos del poder se mueven y de allí surgirá un protagonista indiscutible, Juan Marco Machado, el General sin escrúpulos que ha acumulado poder y riqueza de forma ilegal. Un personaje sin familia, y de oscura personalidad cuya carrera y fama se ha construido con la muerte de muchos. Su desarrollo en la trama siempre estará guiado por la ambición. El tomará el poder de forma arbitraria para desgracia de todo un país, la Venezuela socialista. Su obsesión es atrapar a su principal enemigo.

El vicepresidente Felipe Sánchez fue un organizador de la comunidad y un agitador comunista durante mucho tiempo. Había hecho su nido en el escalón más alto del Gobierno revolucionario a través de su habilidad única para controlar a los elementos ideológicos más radicales, dentro del Gobierno y de las comunidades, especialmente en los barrios. Machado había sido incapaz de urdir una manera segura para su remoción, y ahora era demasiado tarde” (p.6)

Sánchez se convertirá en una piedra en el zapato de Machado, que le impedirá controlar el país de forma definitiva. La presencia tácita de Sánchez va creciendo y aunque no hay un diálogo que nos defina el carácter de este personaje, se volverá cada vez más importante y tendrá mucha relevancia en los terribles acontecimientos finales.

En forma paralela, se consolida como motor fundamental de la acción a lo largo de la trama, el ex-líder, ex-presidiario y ex-estudiante, Pancho Randelli, quien a partir de su liberación abrupta luego de sufrir el trato más humillante y vejatorio en la cárcel, se dedica a vagar por los alrededores de San Porfirio, viviendo de primera mano las experiencias de diversos ciudadanos, cada uno en su hábitat, con sus alegrías, sus desgracias y sus arrepentimientos. Vivirá la experiencia de la Colonia, una comunidad agrícola con habitantes procedentes de Alemania, que trabaja de forma incansable la tierra. Pancho estará preso en un campamento guerrillero y luego de ser rescatado sostendrá un encuentro cara a cara con su verdugo, el mismísimo Juan Marco Machado quien en el pasado ordenó su detención y reclusión.

Ellos desarrollan una extraña amistad, con debates ideológicos totalmente opuestos sobre su visión de lo que debe ser una sociedad. El telón de la diatriba es la maravillosa Ciudad de las Nubes, un oasis construido gracias al dinero del narcotráfico e impulsado por el trabajo de los indígenas. Machado se siente más a gusto allí que en San Porfirio. Pancho se deja seducir con los lujos y buen trato, pero la reflexión llega y decide continuar, no sin antes hacer su propio vaticinio.

Los cambios reales llegan lentamente por actos deliberados basados en la razón y el sentido común, alentados por la bondad y el honor. La mayor mentira que constantemente te dices a ti mismo es que, después de que el Diablo ha sido liberado para hacer la tarea, serás capaz de controlarlo. La verdad es que cuando das rienda suelta al diablo, como ustedes lo han hecho, no volverá al infierno hasta que haya consumido todo. -Pancho miró sin miedo al General. -Puedes ser el último en irte, pero no te librarás de la maldad que has desatado -presagió. En ese momento él no sabía cuán proféticas eran sus palabras. (pag.102)

Mientras camina y conoce lugares y personas, Pancho irá formándose como una especie de intelectual, experimentando la madurez, plasmando sus pensamientos en cuadernos, que más adelante le servirán de base para la construcción de la nueva ideología sociopolítica y económica de su país. Pero aún faltará mucho por recorrer y ver. Muchas decepciones y desesperanza que sufrir en una Venezuela socialista abandonada y humillada.

Después de dejar San Porfirio, Pancho siguió sus pies hacia las colinas, mientras se sacudía la suciedad de la ciudad a su paso. No tenía un rumbo ni un objetivo, sólo confiaba en que, de alguna manera, la suerte lo guiaba hacia una especie de destino. Fuera de San Porfirio, el campo había sido abandonado. A lo largo de las carreteras no utilizadas, todavía con el recuerdo de los veloces automóviles de lujo de las épocas de opulencia, estaban los cadáveres de los tiempos pasados. Las estaciones de gasolina quemadas, las areperas y los puestos de empanadas abandonados, y los moteles sin cristales en sus ventanas se convirtieron en cuencas vacías mirando a la nada; todos ellos daban testimonio de los años en que Venezuela había sido un lugar de energía, efervescencia, y a veces de oportunidad. Ya no más. La basura estaba esparcida, dispersa por encima de la antigua carretera principal. Los olores eran de los deshechos mezclados con la oscura bondad de la nueva vida, mientras las selvas retomaban lo que siempre había sido de ellas. El aire se había vuelto prehistórico. Ocasionalmente, Pancho tropezaba con un pueblo perdido en el tiempo. (pag.47)

El general Machado, es responsable de la destrucción sistemática de un país, con problemas como la falta de agua, los apagones, el vandalismo, la destrucción del aparato productivo, la eliminación de las oportunidades. Él decidirá, como si de un cuartel se tratara, bajo amenazas de muerte, ordenar a ganaderos y banqueros  a poner a funcionar empresas que no tienen nada que ver con lo que ellos hacen, prometiéndoles riquezas. Esas privatizaciones forzadas hunden más al país. Esto sumado a la censura férrea contra dueños de periódicos independientes.

El deseo de Pancho es encontrar a su ex compañero de lucha, Carlitos quien siempre ha tenido una obsesión con un mítico lugar llamado El Dorado. Pancho tendrá una experiencia inspiradora en un monasterio, luego decide ir al pueblo de pescadores donde una vez conoció a Susana, su amor fallecido por culpa del régimen. Sorpresivamente, allí es abordado por Carlitos, quien le demostrará que El Dorado, sí existe y cuáles son sus principios.

Es lo que siempre hemos que­rido sin saberlo. Vivir una vida sin coacción, cerca de la naturaleza, descubrir lo que nos encanta hacer; nuestras habilidades y capacidades, y nutrirnos para vivir sin riesgo moral en absoluto. Cada decisión que tomamos tendrá ramificaciones existenciales para aquellos que amamos en un lugar que poseemos. Nuestra so­lidaridad no es forzada, nuestras interacciones son libres. Vivimos en armonía con la naturaleza porque nos encanta, y uno con el otro porque le damos valor a las vidas de los demás. (pag.204)

Pancho se encuentra con muchos de sus antiguos compañeros, todos viven en El Dorado, pero él no quedará muy convencido de esa vida idílica y siente que debe seguir su camino, a sabiendas de que tal vez, nunca más vea a sus amigos.

El pueblo venezolano exhibía una mirada fija y desanimada, y un andar errabundo de angustia. Algunos todavía lloraban la pérdida de su Comandante, y esperaban el día en que descubrirían que su muerte había sido un embuste, como tantos otros, para dejar al descubierto a sus enemigos. Algunos lloraban la pérdida de sus seres queridos, ausentes de esta Venezuela que se había convertido en una tierra tan dura. Otros lloraban la pérdida de la propiedad, de la prosperidad y del privilegio. Todo el mundo tenía una historia, y Pancho se tomó su tiempo para escucharlos a todos. Él era un bicho extraño en la nueva Venezuela, un hombre que no quería nada (pag.226)

Y poco a poco, Pancho regresa a San Porfirio de la Guacharaca. La realidad le da una cachetada, el caos se ha adueñado de la ciudad gracias a la gestión revolucionaria y socialista sumada a la ambición de Machado.

…el país se había convertido en una especie de gran museo de ideas descartadas y de políticas fallidas de la historia (pag.239)

Pancho aún debe descubrir lo peor, su entrada prohibida a una antigua fábrica de refrescos lo deja atónito. Podredumbre, cadáveres y una bitácora en la cual lee paso a paso como se destruyó a la empresa, lo dejan asqueado. Pero lo peor aún estaba por venir. El ambiente en la ciudad avizora una tempestad.

El enfrentamiento entre el ejército comunista que ha logrado formar el disidente Sánchez y las fuerzas militares de Machado es inevitable. El caos y la muerte se apoderan de la ciudad, las bombas, explosiones, armas de guerra salen a relucir. Todo se convierte en un escenario aterrador.

El fuego consumió la mitad Occidental de la ciudad, dejando sólo restos chamuscados y carbonizados de los edificios. Los árboles quedaron reducidos a carbón por las olas masivas de calor; los postes de luz se abollaron, y los autos estaban derretidos en el pavimento. El hedor de la muerte flotaba en el aire en­cima de las suaves brisas que fluían a través del valle. El fuego también devoró la zona alrededor del parque, dejando un chamuscado y humeante páramo. Los imponentes edificios del distrito financiero veían sus brillantes fachadas fundirse o destrozarse por las altas temperaturas y las balas perdidas, que zumbaban al­rededor de la ciudad como abejas africanas listas para el ataque. Los cadáveres yacían amontonados en lo alto de las carreteras, por los callejones y colgados de las ventanas destrozadas en los edificios de apartamentos. El aire era tan denso, que hacía lagrimear los ojos de Pancho asfixiando sus pulmones. Hidalgo sólo gemía y gemía en la confusión. (pag.255-256)

Machado desde su helicóptero presencia la destrucción, obsesionado con un  Sánchez que no ha aparecido. De repente… la traición. Los últimos pensamientos.

Recordó las últimas palabras del Comandante: “Tenga cuidado con aquellos que considera sus amigos. El corazón del hombre es un misterio y, a menudo, inconstante y engañoso”; se echó a reír a carcajadas ante la ironía de todo eso (pag.260)

Pancho comienza a auxiliar heridos y desamparados en la abandonada Universidad Católica, llega gente dispuesta a ayudar. Luego va a la Casa Naranja, centro del poder. Cae la lluvia para purificar y limpiar el desastre que vive la ciudad y sus habitantes en todos los ámbitos. Pancho, con más decisión que  nunca,  pronuncia un discurso en un lugar emblemático ante la incertidumbre reinante.

Por eso yo, aquí, de pie en el balcón del pueblo, donde el Comandante de­nostó tan a menudo a sus enemigos y anunció su violencia en contra de ustedes en respuesta al odio sobre el cual su revolución se alimentaba, vivió por un corto tiempo y después murió en sufrimiento y agonía, les ofrezco una forma diferente. No una elección para elegir al próximo déspota que los dominará, usando su pobreza en contra de ustedes. No una hermosa dictadura dorada donde me miren y tiemblen. No les ofrezco esquemas de planificación centralizada que prometen aliviar un poco el sufrimiento de su vida, para a la vez atarlos, el uno al otro, en el sufrimiento colectivo. Yo no les ofrezco autoridad de ninguna clase. Yo estoy aquí, después de haber llegado a este momento, después de un viaje como el que he tenido, y en un momento como éste, para liberarlos (pag.267)

Por fin se daba inicio a una República verdaderamente libre.

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