#Reseña El Teniente de San Porfirio

QuéLeer.-  La primera novela de Joel Hirst, un norteamericano que vivió muchos años en Venezuela está escrita con una gran habilidad descriptiva, y una excelente destreza narrativa para mezclar aspectos verdaderos con ese realismo mágico tan propio de los latinoamericanos. El es un analista político que pretende dar un panorama real sobre lo que vivió pero en el marco de la ficción de una historia salpicada por personajes con sus propias motivaciones, mostrando como las vidas cotidianas pueden ser controladas por un gobierno capaz de cualquier acción para acaparar y perpetuarse en el poder.

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Venezuela ha dado un cambio de 180 grados, Ha sido rebautizada como la República Socialista Revolucionaria de Venezuela (RSR)  y se encuentra bajo el absoluto dominio del Comandante apoyado por la mayor y feroz represión militar, convirtiéndola en una nación con una desquiciante manipulación ideológica, la más implacable que se haya conocido. El país se encuentra bajo el influjo de la revolución cubana. Ni su vida social, política, económica  y cultural volverán a ser como antes. Ya nada será igual para sus habitantes.

El coronel terminó su bebida y continuó. —Nosotros seguimos el ejemplo de Cuba,

pero con ciertas mejoras. Sumimos al pueblo en la pobreza destruyendo los

empleos del sector privado, nacionalizando sectores clave de la economía,

poniendo a la ciudadanía  a disposición del Estado y obligando a huir a los ricos.

Todo en nombre de esa “justicia redistributiva” que tanto

aman los pobres del país y los progresistas del extranjero.

Usamos esa clase de expresión cada

vez que podemos, llamamos “justicia social” a nuestro trabajo,

adornamos nuestra revolución con bellas libertades socialistas,

pero les quitamos el dinero a los ciudadanos.

Los atamos los unos a los otros usando palabras como “socialismo” y,

finalmente, los atamos a nosotros mismos.

Pero nos aseguramos de no reprimir a la gente. Al hacerlo, consolidamos

nuestro poder y nuestra riqueza en el país y recibimos aplausos en el extranjero.

(pag.45)

En este contexto surgen personajes como el teniente Juan Marco Machado quien es el hilo conductor de esta historia plagada de errores históricos, desaciertos, violencia y corrupción. Su humilde orígen campesino es el peor combustible para su resentimiento y venganza. El será trasladado a la capital San Porfirio de la Guacharaca donde su meteórica carrera ascendente lo llevará a la jefatura de inteligencia. El descubir “traidores” y decidir su destino en forma cruel será un juego sádico que ocupará buena parte de su miserable vida.  A él sólo le importa ganar puntos con el Comandante supremo mientras hace crecer su fortuna personal con sus negocios ilegales, con el control del narcotráfico en el principal aeropuerto del país.

Pero el factor más importante era que las leyes permisivas y la anarquía general del gobierno revolucionario habían abierto las fronteras, y desde distintos países, cercanos y lejanos, las drogas comenzaron a introducirse en Venezuela, donde se la empaquetaba y se la enviaba a los grandes mercados de Estados Unidos y Europa. Suposición de autoridad le permitió a Machado presenciar las entrañas corruptas de su revolución pacífica. Ahora conocía el secreto sucio de la Revolución: todos estaban

involucrados, desde ministros gubernamentales hasta altos oficiales militares, desde empleados públicos hasta fuerzas policiales y jueces de la nación. Todos los sectores de la vida pública competían entre sí, a veces incluso con violencia, para controlar la mercancía (pag.129)

La RSR de Venezuela es ya un país pobre donde la moneda se llama Asno, animal que está presente hasta en el escudo nacional y en las numerosas transmisiones en cadena que estoicamente soportan sus habitantes, una buena parte de ellos, convencidos de la veracidad de un discurso devaluado.

Otros personajes, no menos caóticos, hacen su aparición. La anciana Esmeralda de la Coromoto García, vive aún de los recuerdos de ese lujo absurdo y derrochador que le permitió viajar por el mundo, disfrutando de privilegios e influencias como dueña que fuera de la compañía eléctrica, y como miembro de ese selecto grupo de familias que eran llamados los “Amos del Valle”. Su soledad la hace tener permanente comunicación con su difunto marido Gonzalo. La realidad y la irrealidad son una constante en su vida decadente.

—¿Cómo pudo todo salir tan mal? —le preguntó a Gonzalo. Con cada sorbo, la ira de Esmeralda se incrementaba y estaba alcanzando ya niveles extremos.

—No fue culpa nuestra. Nosotros fuimos las víctimas. Y ahora, bueno, debemos aceptar nuestro destino.

—Para ti es fácil decirlo. —Esmeralda se volvió hacia el retrato—. Estás muerto y no tendrás que hacer fila junto a la plebe para utilizar tu propio baño.

—Lo sé, pero ten coraje, querida. Tuvimos un pasado maravilloso. Deberíamos concentrarnos en ello. (pag.30)

Pero para Esmeralda, quien no tenía familia y solo pocos amigos, un perro Yorkshire terrier, un chofer  y Clarita, una mujer de servicio afecta al socialismo, el seguir con su vida implicará perder, quizás por primera vez esa tranquilidad que le daba el ser indiferente, esto será motivo suficiente para embarcarse en una aventura sin retorno que la llevará por caminos turbulentos.

Si en toda historia hay un héroe, este sería Pancho Randelli, estudiante universitario de Derecho e hijo de inmigrantes. Su padre, aún trabaja en la compañía eléctrica. Como orador aventajado y carismático logra conquistar la voluntad de los estudiantes. El debe salir de manera forzada del país al exilio, luego de sufrir la pérdida a manos de revolucionarios y de manera trágica a su amor, la mulata Susana.  En Miami es expulsado por una pelea y debe regresar, ya con nuevos bríos y con la bandera de la  libertad por delante.

La pelea de Pancho en el imperio sería con un joven gringo  de 18 años llamado Freddy, quien por su inmadurez y confusas ideas, decide viajar a la RSR Venezuela para hacer turismo revolucionario participando en un seminario de la juventud socialista. Su llegada a San Porfirio está marcada por la visión de una enorme estatua de cristo con boina roja que lo recibe con un “retorcido saludo revolucionario” en medio de un gran despliegue militar.   Su experiencia será dura desde un comienzo cuando debe correr en un intrincado cerro para encontrar a sus anfitriones mientras lo persiguen los putamaros. Entre sus asignaciones socialistas debe protestar frente a su propia embajada de Estados Unidos mientras le roban sus pertenencias, pasar hambre y necesidades recibiendo instrucción revolucionaria.  El sufrirá altibajos emocionales que lo llevarán de la sumisión, a la violencia, de la admiración a la decepción y su vida tomará un rumbo insospechado hasta conducirlo a un cruel destino.

Los caminos de estos seres se cruzarán en la ciudad más peligrosa del mundo, aunque Revolución TV (RTV) diga lo contrario.                                                                                          El regreso de Pancho es suficiente para planificar una estrategia que definitivamente cause impacto mundial. Se trata de marchar hacia el Congreso de Juventudes Socialistas. Discursos antagónicos. Polarización extrema. El choque entre fuerzas opuestas no se hace esperar. Freddy, el gringo se ha convertido en huracán de violencia revolucionaria.

Freddy se estaba divirtiendo. Descargó un botellazo en la cabeza de otra joven. Las muchachas le resultaban fáciles porque no se resistían. Pero los vaqueros corpulentos le daban algo de miedo. No quería recibir una golpiza.

— ¡Capitalistas estúpidos! —Blandió su botella de aquí a allá sin escrúpulo alguno. Empujaba a algunos, pateaba a otros. Encontró a un sujeto en el suelo con un corte en la ceja y sangre en los ojos y lo pateó brutalmente en el estómago. — ¡Oligarca!     (pag.210)

Los hechos son confusos, la pelota está del lado revolucionario, ya no hay nada que hacer. Una complicada red de informantes ha dado con el traste a la esperanza. Ahora sólo quedará el camino de la tortura y la cárcel para aquellos que decicidieron  luchar por la libertad.

Los tres bajaron la mirada, y las lágrimas que derramaron formaron juntas un riachuelo que recorrió la cárcel clandestina hasta alcanzar las alcantarillas de San Porfirio, donde se unió a las numerosas otras lágrimas que alimentaban la crecida del Río Grande (pag.238)

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