#Reseña: Sofía Ímber en la pluma de Diego Arroyo

 

Por Ángel Arellano

            Diego Arroyo ha resultado un extraordinario biógrafo. De sus trabajos precedentes sólo se registran críticas positivas: biografía de Luisa Palacios (2009), Miguel Arroyo (2012), Simón Alberto Consalvi (2015), Nelson Bocaranda (2015) y la obra que reseñamos. Es un escritor en ascenso, reflejo de una generación de jóvenes venezolanos brillantes que luchan contra la marea para lograr su objetivo.

            Venezuela, a pesar de su profunda crisis, está negada a dejar de producir libros. Si hay un escenario cuesta arriba para la literatura y las publicaciones impresas en general, es el actual[1]. La sequía de papel y de recursos económicos en la industria editorial ha llevado al cierre de numerosas imprentas, periódicos, revistas y casas editoriales. No obstante, las plumas nacionales persisten. La literatura siempre sobrevive.

            En el texto, el autor ejerce la función de psicoanalista, haciendo uso de las herramientas que tienen en común el periodismo y la psicología: observación, escucha activa y paciencia, toneladas de paciencia. Explorar la vida de un personaje tan rico y tan polémico, tan amado y tan cuestionado, tan parte de nuestra historia reciente, representa un reto titánico. Armar el rompecabezas de una vida indomable como la de Sofía Ímber es quizá el activo más valorado de este libro bien escrito. Dueña de una historia extensa, llena de entreveros y sospechas, la persona que estuvo bajo la lupa del escritor fue sometida a tres años de entrevistas como parte de la expedición temeraria de recoger cada dato para narrarlo en primera persona.

En mi opinión, todo buen análisis lleva a sus orígenes a la persona que se somete a él. Bien a los orígenes biográficos: el nacimiento, los padres, la infancia. Bien a los orígenes de aquello que uno está sufriendo, los orígenes el animal que se mueve en la interioridad (p. 115).

            Arroyo sienta a Ímber en el diván para explorar los entresijos de una vida fecunda. La obra está segmentada con finos cortes que dividen el relato trazado en primera persona. Primero, una aproximación a la voz de Sofía, suerte de autobiografía en la que la protagonista transmuta en las palabras del escritor. Luego viene “Guillermo”, el capítulo sobre la Sofía adulta. Indaga todos los detalles de su primer matrimonio. La vida en Francia, sus hijos, los viajes a Europa y los contactos con el mundo del arte. Guillermo Meneses, un hombre perfecto, en palabras de La Señora Ímber.

            Le sigue un “Clic” fotográfico y de inmediato el lector podrá ingresar al capítulo sobre “Carlos”, en el que se surgen muchas aclaraciones (o dudas, depende de cómo se le mire) sobre el matrimonio con el prominente intelectual Carlos Rangel. La Sofía que habla es una mujer madura, emprendedora, fuerte, sólida, que ha decidido dar espacio a un nuevo amor y hacerse cargo de la tormenta de rumores que desencadenaría este atrevimiento. Es la Sofía que se consolida en esa iniciativa primero modesta y luego excelsa que alcanzó notoriedad mundial: el Museo de Arte Contemporáneo que llevó su nombre. La carta suicida de Rangel electriza este capítulo. El autor ha usado todas las herramientas bibliográficas posibles para salir airoso en un episodio colmado de nombres, referencias, momentos trascendentales y hechos importantes desde “Buenos días”, el programa televisivo que Ímber moderaba con su segundo esposo y que la catapultó en el recuerdo popular venezolano, en adelante.

Hoy en día, cuando me preguntan si me siento satisfecha, siempre contesto lo mismo: me siento satisfecha de las cosas que hice bien. ¿Feliz? Lo he sido a veces. No se puede ser feliz constantemente (p. 33).

            Próximo asalto, “El cuerpo”. Ahora habla la Sofía que considera la vejez una condición relativa. Luego de la muerte de Rangel la vida siguió su curso. Sumando éxitos y cazando retos, a pesar del enigma que tejió la prensa con comentarios oscuros que intentaban cuestionar aquel hecho trágico. La voz que dirige el relato se detiene a reflexionar, a pensar lo vivido con énfasis en la despedida de Carlos. Tiene lugar la revisión del organismo que contiene el alma pujante de Ímber. Resalta el Ávila, el cerro que eclipsa la existencia de los caraqueños. Es rápido y ligero.

Uno siempre está viviendo todo por primera y por última vez. Por eso yo aborrezco la melancolía y veo en ella un síntoma de debilidad. Porque no es lo mismo sentir tristeza porque algo se ha terminado, sentir esa tristeza brava que se puede cortar con una hojilla en el aire, que mirar las fotos de la happy hour con ojitos de cordero y dar suspiros al borde del desmayo (p. 126).

            “El Museo”, el último peldaño de esta odisea, contiene una entrevista en la que leemos a la Sofía gerente, la amante del arte, la irreverente que se empeñó en abrir una sala para la vanguardia en un país que cerraba ventanas a las nuevas ideas. El Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber es el legado de esta mujer tan venezolana y tan imponente. La Revolución Bolivariana arrancó su nombre de las letras en relieve que identificaban el edificio, pero con este acto no borró el sello de quien lo dirigió durante tres décadas para bien del movimiento artístico y de Venezuela en general.

Nadie puede explicar la velocidad a la que pasa el tiempo, pero los que hemos vivido sabemos muy bien de qué se trata (p. 195).

Para cerrar esta apasionante lectura Arroyo se permite unas pocas páginas retomando su voz luego de teclear doscientas cuartillas bajo la influencia de la protagonista. Algunas interrogantes son emocionantes: “¿Quién habla por nosotros cuando hablamos sobre nosotros mismos” (p. 230).

El lector no durará más de un día con este ejemplar entre manos. De lectura placentera y lenguaje sencillo, la última biografía sobre Sofía Ímber es, quizá, nos aventuramos a decir, la que más interés ha despertado por los venezolanos. Bien para la protagonista y bien para el autor, miembro de la nueva generación vanguardista de jóvenes que mencionamos al principio de este breve texto. Un libro imposible de evitar.

Email: asearellano@yahoo.es

Twitter: @angelarellano

www.angelarellano.com.ve

[1] Siguiendo el más reciente informe del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (junio, 2016), el año pasado Ecuador, con poco más de 16 millones de habitantes, registró 4001 nuevos libros; Chile, con 18 millones de habitantes, sumó otros 6268 libros; Perú, con 31 millones de habitantes, publicó 6094 títulos; y Venezuela, con la misma cantidad de habitantes que el Perú, apenas publicó unos 3334.

 

QuéLeer no se hace responsable por las afirmaciones o juicios de valor expresados por los colaboradores en la sección de Reseñas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s