Ema: la elegancia de la prudencia

Por Ana Triveño

Siempre que mencionan a novelistas clásicas el nombre de Jane Austen sale a flote y, debo confesar, hasta ahora no había tenido la oportunidad. Sin embargo, cuando empecé a leer Ema (1815), una de las grandes obras de esta magnífica autora, entendí no solo el motivo de que sea tan famosa aún en nuestros días, sino lo elegante que puede ser el camino hacia la madurez.

emma

Con un inicio repleto de cambios, Austen es capaz de describirnos al mismo tiempo la vida anterior y la perspectiva de cómo será ante la más mínima intrusión al ambiente familiar y tranquilo de Highbury, el lugar donde se desarrolla el relato.

Cada personaje es exquisitamente detallado, con actitudes, hábitos y palabras particulares. Pese a que todos pertenecen al mismo contexto temporal evidencian de una manera impresionante la diferencia del ámbito social y cultural. Aprendemos bastante de la sociedad británica durante esa época y de la forma de pensar de los distinguidos caballeros y sus señoras en ese entonces.

Ema es una joven que se acerca a ti, como lector, de forma insospechada hasta el punto en el que te tiene inmerso en sus propios sentimientos. Adentrarnos en un corazón tan tierno y ver la vida desde su punto de vista te recuerda la fragilidad de la juventud y su necesidad de un guía. Así como ella va cometiendo errores sujetos a su terquedad y luego reconoce sus debilidades en busca de la reconciliación de su sorpresivo amor, uno no puede evitarse sentir cierto afecto por ella y aprender de su experiencia como mujer.

Sin darte cuenta, prestando atención a los detalles de la historia y tratando de descifrar si Ema tiene o no razón en varios puntos, las páginas del libro se agotan hasta que te llega de golpe la respuesta a todo. Por suerte, Austen no nos hace sufrir mucho con el clímax, dado que la historia en sí es una serie de altibajos que seguramente provocarán más de una noche de insomnio en los lectores.

Además, el lenguaje que utiliza la autora… Es impresionante lo mucho que puede envolverte la forma de expresarse de los personajes. Su elegancia, su pomposidad, hasta su sentido del humor. Muchas veces me vi tentada a chatear de esa manera, sintiéndome súbitamente triste de cómo ha ido cambiando el lenguaje verbal. Ahora entiendo el encanto de ver películas con ese ambiente e incluso llegar a recrear esos bailes clásicos como si de un viaje en el tiempo se tratara.

Ansiosa de leer más a Austen, recomiendo disfrutar de sus libros así como he podido hacerlo estos últimos días. Por otra parte, para los que deseen complementar esta historia con el mundo cinematográfico, aconsejo ver la versión de 1996 protagonizada por Gwyneth Paltrow. Aparte de ser suficientemente fieles a la historia, el reparto, la escenografía y la tomas realizadas reflejan el espíritu del libro frente a las cámaras.

Ema, un encanto de novela que seguramente se quedará en lo profundo del corazón, casi tanto como Mr. Knightley.

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