Beatriz Rodríguez: “Teorizar en torno a la escritura la pervierte”

Detrás de la pantalla del computador de Beatriz Rodríguez se esconde una figurita de Mafalda. Me llama la atención que esté allí porque lo que más odia la pequeña argentina es una de las comidas favoritas de la escritora sevillana nacida en 1980: la sopa. Pero, pensándolo con detenimiento, son más los atributos que las unen que aquellos que las separan. Ambas siempre dejan sus puntos de vista claros. Ambas son defensoras acérrimas de la autonomía individual. En público y en privado. Son dos niñas con muchos años que se enfrentan al mundo de los adultos para denunciar las injusticias.

beatriz-rodríguezAllí se encuentra el germen del que nació Cuando éramos ángeles, la primera novela de Rodríguez, editada hace unos meses por Seix Barral. Al principio, lo único que tenía era la imagen de una patota de adolescentes dándole una paliza al tonto del pueblo. Esa forma de abuso como una decisión consciente de ejercer el poder de unos niños que comienzan a dejar de serlo le pareció un asunto revelador. Con el tiempo entendió que en las fronteras entre la niñez y la adolescencia y de esta edad con la adultez se encuentran las marcas de la identidad personal y los pivotes para las mejores historias. “Hay mucha crueldad en esa pérdida de la infancia”, explica quien es una de las organizadoras del festival anual PoeMad: “Por un lado, el paso a la adolescencia significa que la forma en que nuestros padres nos han explicado el mundo pierde validez, es el momento en que comenzamos a ser críticos y a desmontarlo todo sin tener las herramientas intelectuales e ideológicas para lograrlo. Por el otro lado, el abuso de poder se establece como tema: el hombre hacia la mujer, de los humanos hacia los animales, de los que tienen contra los que no tienen”.

Rodríguez fue una niña que creció enamorada de Miguel Bosé y cantando “Put The Blame on Mame” a lo Rita Hayworth y que cuando comenzó a leer (Gianni Rodari, Michael Ende, Roal Dahl, Kevin Major…) quiso aprender a construir sus propias ficciones. En la escuela le hizo de Cyrano de Bergerac a un chico que quería enamorar a una amiga suya y se encontró con que se le daba contar historias. “No comprendo de dónde viene esa afición, quizá no tiene que haber una vocación artística de trascendencia especial. Un día supe que podía hacerlo y de que tenía una relación con la palabra que me permitía  observar el comportamiento humano. Pero intento no planteármelo mucho porque teorizar en torno a la escritura la pervierte”, explica.

Como no le interesa la enseñanza, después de que se graduó de Filología Hispánica entró al mundo de la edición donde trabajó en el Grupo Anaya, La Fábrica y Trama Editorial. “Fue una excusa para seguir leyendo. Empiezas a escribir porque quieres cerrar el círculo de las lecturas que más te interesan. Lo hago desde que tenia 12 años y lo de la edición me ayuda a distanciarme del ego del escritor”, explica la autora cuyo primer libro se publicó en 2013, La vida real de Esperanza Silva. Por la misma necesidad de leerlo todo lleva ahora junto con Leonor Medel y Alba Ramírez la editorial digital Musa a las 9: porque . Rodríguez se acerca a la literatura desde el único lugar donde la experiencia es placentera, incluso en sus peores momentos: la lectura.

Publicado en Colofón Revista Literaria por Michelle Roche

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