Volver al País de las Maravillas

En el alucinante mundo de Alicia en el país de las Maravillas que acaba de cumplir sus primeros ciento cincuenta años y que es la publicación con la que se lanza al ruedo la novel editorial Tres Hermanas, las trillizas más recientes del Grupo Sílex, se unen el nombre Lewis Carroll y el matemático Charles Dogson. La popularidad del creador de narraciones de fantasía se mezcla con la del científico enamorado de los niños. Si el hombre gris que era se tal Dogson se convirtió en un autor de estatura legendaria se lo debe a una editorial. Así que enhorabuena por las Tres Hermanas que comienza su andadura por la comarca de la Ñ, un lugar “maravilloso” a su manera.

portada alicia

Quizás la fascinación de lectores de todos los tiempos por Alicia en el País de las Maravillas se deba a que la obra expresa en lenguaje onírico el secreto terror que los niños sienten de crecer y los adultos de envejecer; quizás su popularidad se asiente en el planteamiento de problemas de interés humano, social y lingüístico; o quizás sólo sea que a la gente le gusta leer que la pacata moral victoriana es desafiada por una niña que una y otra vez se indigna ante las injusticias de la lógica ilógica tal como pasa en el mundo real con ciertos preceptos “morales”. Lo cierto es que cada lectura nueva de este libro trae interpretaciones distintas. Y en la edición Ilustrada la italiana Andrea D´Aquino, lo gráfico toma protagonismo.

 La felicidad del gato Cheshire.

Charles Dogson fue un profesor de matemáticas del Christ Church College de Oxford, nacido en 1832, que no hubiera pasado a la historia si una tarde de verano de 1862 Alicia Liddell, la hija del decano del colegio, no le hubiera pedido que pusiera por escrito las historias que le contaba a ella y a sus dos hermanas. Días después, Dogson llegaría con un manuscrito para su pequeña amiga: “Las aventuras bajo tierra de Alicia”, el embrión de Alicia en el País de las Maravillas

De esa manera Dodgson se convirtió en Lewis Carroll, un nombre que por generaciones ha sido sinónimo de las fantasías oníricas infantiles y adultas.

Durante un par de años, los amigos de Dogson le insistieron en que publicara la historia de la niña que se cae por una madriguera y entra en un mundo onírico. Por presión popular fue que el 4 de julio de 1864 la señorita Liddell recibió el primer ejemplar de Alicia en el País de las Maravillas. La mayoría de los académicos, sin embargo, prefiere ubicar como la fecha de la primera edición del libro un año después, cuando el sello Macmillan imprimió 2.000 ejemplares del mismo para la venta en librerías. No obstante, por la deficiencia en la impresión de los dibujos de John Tenniel, Dodgson (Carroll) los devolvió a imprenta.

El éxito de la obra inspirada en la señorita Liddell fue instantáneo y todos los años salían nuevas ediciones; en 1897 (a 32 años de la primera) se contaban 26 ediciones en inglés. Hoy la historia puede conseguirse traducida a lenguas tan extrañas como el esperanto. Seis años después apareció Alicia a través del espejo y el éxito fue avasallador: en 1 mes se vendieron 15.000 ejemplares. En marzo de 1895, Dodgson le escribió a Lidell –en aquel momento ya una señora casada– una carta donde le informa que hasta la fecha se han vendido 120.000 ejemplares de sus libros.

Se decía que el libro fue tan famoso en su época que la misma reina Victoria pidió una copia de la próxima obra de Carroll –nada menos que un libro de matemáticas titulado Tratado elemental de determinantes–, pero Dogson desmintió ese rumor en la segunda edición de otro libro científico de su autoría: Lógica simbólica.

El relato es apenas uno de los muchos y más inocentes rumores que se tejieron en torno al escritor. Uno bastante más doloroso fueron las acusaciones de pedofilia, avivadas por su relación con las hermanas Liddell y el hecho de que fotografiara a Alice y otras niñas de forma a habitual. Sin embargo, muchos biógrafos lo defienden señalando que en la Inglaterra victoriana que vivió Dogson fotografiar o pintar a niños no era visto como algo sexual, sino más bien artístico. También el libro capital de Carroll niega esa acusación, cuando muestra a un ser humano atrapado antes de la adolescencia, que no ha perdido la pureza que otorga la unión con la naturaleza.

Pero como quiera que queramos juzgar a su autor la obra está allí para seguir ofreciendo los mejores momentos de lectura.

Publicado en Colofón Revista Literaria por Michelle Roche

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