Alberto Barrera Tyszka: Las tragedias de nuestros países terminan pronunciándose en nuestras literaturas

Foto: tendencia.com

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Unas semanas después de que Chávez anunciara en cadena nacional que tenía cáncer, el diario El Nacional publicó una columna de opinión donde Alberto Barrera Tyszka ponderaba la noticia y señalaba la ironía de que ese Mesías de micrófono que había hecho del gobierno una teocracia tuviera que enfrentarse a la escatología no de la muerte, sino de la enfermedad. En la novela que le granjeó el Premio Anagrama en 2006, La enfermedad, escribe que los dioses se mueren, pero no se enferman. La cita me la se de memoria porque fui a buscarla después de que leí la columna y la subrayé (con rojito) debajo de la línea a lápiz que le había hecho en mi primera lectura. El problema de la enfermedad de Chávez es que agotó también a la sociedad venezolana ya intoxicada de su poder hipermediatizado. Sobre esas personas que amaban u odiaban al líder de la Revolución Bolivariana pero frente a quien nunca pudieron permanecer indiferentes y que hicieron de su enfermedad un cáncer que atentó contra la salud de todos escribió Barrera Tyszka la novela que hace unos meses se llevó el Premio de Novela Tusquets, Patria o muerte.

Desde aquel fin de semana en que apareció la columna y volví a revisar (y a leer) La enfermedad me acostumbré a esperar Patria o muerte sin que Barrera Tyszka dijera nunca que lo estaba escribiendo. Presentía el libro y quería que existiera porque era la pieza que me faltaba para completar un estudio de la narrativa venezolana contemporánea como marcada por una sensación inquebrantable de deterioro social y moral. La novela no hizo más que mejorar mis expectativas. Por eso, tengo meses esperando hacerle estas preguntas:

 

– La enfermedad es una alegoría importante en tu obra. ¿Cómo cambia para ti su significado simbólico cuando te refieres al mundo privado, como en la novela de 2006, y cuando te refieres a lo público, como en Patria o muerte?

– En La Enfermedad hay una indagación mucho más íntima. Es un intento por tratar de establecer la narración en el ámbito cerrado de los cuerpos, en el espacio donde irrumpe la naturaleza, donde aparece el mal del cuerpo y aparece también el silencio o la palabra en la dimensión personal del enfermo y de quienes lo rodean. En Patria o Muerte esa dimensión personal es opaca, apenas forma parte del suspenso de la trama, es el desenlace en el ámbito público. Hay más bien la exploración de la enfermedad como espectáculo público. La vivencia más personal del enfermo solo aparece, narrativamente, para combatir el mito que se construye precisamente sobre ese espectáculo.

– ¿Qué te parece más difícil de escribir sobre la cotidianidad en Venezuela?

– Lo difícil es el punto de partida. No hay que plantearse “escribir sobre…”, que hay que desactivar todo el complejo y enorme andamiaje que tenemos los venezolanos con relación a nuestra realidad, toda la intoxicación que nos ha alimentado durante estos años. Es decir, creo que hay que pensar en personajes, en situaciones, en historias… Hay que situarse en la ficción. Eso es lo que le da poder e independencia a la escritura.

– En una entrevista señalaste que durante años acumulaste borradores para esta novela, pero que fue solo cuando Chávez anunció su enfermedad que pudiste reunir todas esas notas aisladas y crear una historia. ¿Qué piensas que te había faltado hasta entonces?

– Un tiempo simbólico tan claramente definido. Ese espacio entre el anuncio de la enfermedad y la muerte, ofrece un ciclo, un espacio literario donde condensar, reunir, juntar… a varios personajes y permitir, entonces, una narración coral, unida por algo más que un gobierno, que un líder poderoso…sino por una circunstancias específica, con principio y con final.

– ¿En qué sentido crees que tu obra puede ser una bisagra entre la producción literaria extranjera y la venezolana?

– No lo sé. Eso tal vez deberían decirlo los críticos. Los escritores venezolanos narramos historias que tienen, de alguna manera, relación con un referente conocido, al menos mediáticamente. Pero también siento que escribimos historias con temas comunes, frecuentes, al resto del continente. Las tragedias de nuestros países (pobreza, violencia, impunidad…) irremediablemente, de maneras muy distintas, terminan pronunciándose en todas nuestras literaturas.

Publicado en Colofón Revista Literaria por Michelle Roche

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