Para qué escribir el apocalipsis

por: @storytellerve09

El sábado 26 de abril de 1986, una falla en el funcionamiento de uno de los reactores de la planta nuclear en Chernóbil (Ucrania) produjo una explosión que, según los científicos, liberó 100 veces más radiación que las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Ha sido la mayor catástrofe radioactiva en la era del hombre. Sobre el suceso casi todo ha sido dicho. Acerca de sus víctimas, casi nada. En Voces de Chernóbil (traducido por Debolsillo. España, 2015), Svetlana Alexievich da cuenta de la vida y muerte de quienes padecieron en primera, segunda y tercera persona este cataclismo de la física.

voces

El libro empieza con la historia de una jovencuyo esposo pertenece a la primera brigada de bomberos que es llamada a apagar el fuego en el reactor nuclear. Al momento de la entrevista con la autora, la joven ha quedado viuda y –en el interín- ha perdido a su hijo en gestación a consecuencia de la radioactividad. Quien ahora enfrenta la cronista es un fantasma de sí misma e inicia su relato así: “No sé de qué hablar… ¿De la muerte o del amor? ¿O es lo mismo? ¿De qué?”. Esta es la marca de Voces de Chérnobil: su pavorosa solemnidad.

Personajes corrientes se abren con la cronista para cruzar los espejos de la muerte, la impotencia, la desesperanza. Cualquier dolor permanecerá irredento, pero el contar la vida propia es volver a respirar dentro de la ingravidez interior que sigue al sobrevivir.Svetlana Alexievich es la escribana de los resquicios del alma. Apenas interviene para poner al lector a salvo del indecoro de no poder ver a su interlocutor. Son señas de contexto como “Ahora llora. Calla. Baja la cabeza”. La autora incluye un monólogo con ella misma, en el cual confiesa el no mantener distancia frente a las víctimas de Chernóbil. Tal vez ese sea la fuerza secreta que yace en sus crónicas, hacer coral no solo la historia sino el dolor.

Voces de Chernóbil es también una indignación contra el poder que oculta y reduce, contra el demiurgo de los eufemismos tan propio de los irresponsables. Un experto en física llama en la primera hora a un alto burócrata de la extinta URSS para alertarlo de la catástrofe, y éste le responde: “Ya me han informado (…) Ha habido un incendio, pero lo han apagado”.

¿Para qué escribir el apocalipsis que fue Chernóbil?, la información y los registros visuales pasan ligeros en el inconsciente colectivocondenado ala sucesión infinita de eventos. Y sin embargo, en este libro se hace patente una de las vocaciones originarias de la literatura, de la escritura en sí misma: servir de herramienta al testigo.Alexievich , además de registrar al testigo,cataliza su estupor de la víctima recobrando su significado a través de la palabra.

“En Chernóbil se recuerda ante todo la vida “después de todo”: los objetos sin el hombre, los paisajes sin el hombre (…) Hasta te asalta la duda de si se trata del pasado o del futuro”. Leer este libro de Alexievich es asomarse a un desconcierto, necesario en estos tiempos de  uniformidad.

QuéLeer no se hace responsable por las afirmaciones o juicios de valor expresados por los colaboradores en la sección de Reseñas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s