Diez libros sobre experiencias cercanas a la muerte

cementerio

Cuando tenía nueve años, pensé por primera vez en la muerte. Lo hice, luego que uno de mis primos menores muriera y el duelo embargara a la familia. De pronto, morir no era algo lejano, una imagen rudimentaria de un suceso que aún no entendía bien, sino un hecho que me ocurriría a mí. Que antes o después, en algún momento, dejaría de existir. Por supuesto, no lo pensé en términos tan complejos, pero si tuve una aterrorizante conciencia sobre mi propia vulnerabilidad, la sensación definitiva y abrumadora que moriría. Un primer atisbo de mi mortalidad.

La idea me aterrorizó. Tanto, como para provocarme pesadillas y terrores nocturnos. Por meses, me abrumaba el temor — real y muy cercano — que la muerte — su realidad física — esperaba por mi a cada momento. Era una idea que me acompañaba a todas partes, en la que no podía dejar de pensar. Eso, a pesar que era tan pequeña como para no comprender bien en que consistía el tránsito de la vida a la muerte y mucho menos, que debía comprender sobre la cualidad inevitable de la muerte. Finalmente, me atreví a preguntar al Sacerdote que confesaba a las monjas del colegio de Religiosas donde estudié, en un intento de calmar la dolorosa angustia que me atormentaba.

— La muerte es un misterio para todas las religiones y creencias — me dijo con su habitual tono amable — no sólo para la Cristiana. La humanidad entera ha intentado explicar por qué morimos y que ocurre una vez que sucede. Para soportar la idea de lo inevitable, para consolarse del miedo.
— ¿Y que cree usted que pasa? — inquirí. Padre Antolin tomó una bocanada de aire, preocupado. A la distancia, me pregunto si intentaba decidir como explicar una idea tan compleja a una niña aterrorizada y menuda que lo miraba expectante. No debió ser sencillo.
— Creo que vamos a algún lugar — no dijo “Cielo” y eso me sorprendió — que ese elemento que nos hace ser quien somos, se desprende del cuerpo y se une a algo más grande. Pero eso lo que “creo”. No lo que “sé”. Son cosas distintas.

Me desinflé de pura decepción. A pesar de mi corta edad, ya sabía que creer y saber eran ideas casi siempre contradictorias. Yo no quería decidir en qué creer, quería saber — con hechos, números, ideas, testimonios, lo que fuera — que ocurría una vez que nuestro cuerpo moría. ¿A dónde íbamos? ¿Sobrevivíamos a la muerte?

Antolín era jesuita y también, ecléctico y un poco científico. Por eso me agradaba tanto. A diferencia del ejército de monjas de la Escuela, solía responder a mis preguntas con enorme inteligencia. Había estado segura que también podría hacerlo con la más inquietante y dolorosa de todas. Cuando no lo logró, sentí una dolorosa frustración. No se lo dije, después de todo, lo había intentado.

— Hija, pero es que nadie sabe realmente que ocurre al morir — me insistió. Me encogí de hombros.
— Bueno, supongo que no hay nada que saber, entonces.

Esa idea también me aterrorizaba. Tendida en mi cama durante las noches, imaginaba un vacío primitivo e infinito, una nada sin nombre a donde iban a parar el alma (espíritu, personalidad) de los difuntos. No era una idea bonita ni poética y a pesar de mi corta edad, comenzaba a entender por qué nadie quería pensarla y preferían hablar sobre Cielos e infiernos. Incluso un castigo eterno era mejor que nada…¿No?
Un par de días después de mi conversación con Antolín, lo vi venir por el patio de recreo con un paquetito entre las manos. Me hizo señas que lo acompañara al fondo del del jardín y me lo entregó con disimulo. Lo sostuve, perpleja.

— ¿Y esto? — era un libro, sin duda. Incluso envuelto en papel de periódico, reconocía la forma del lomo y las páginas ocultas. Antolin me hizo una seña para que lo escondiera. Lo arrojé en mi morral de inmediato.
— Creo que te va a ayudar. O quizás no, pero bueno venga, lo mejor es que tengas toda la información que necesitas a tu disposición.
Me recomendó echarle un vistazo en casa y se alejó con su orondo paso de obeso por el jardín, fingiendo ignorarme. Me quedé desconcertada y curiosa.
Todavía no sé como pude contenerme durante las tres largas horas que restaban para salir de clases y poder abrir el paquete que Antolín me había obsequiado. Sí, era un libro. Pero uno como el que nunca había visto antes.
— Vida después de la vida — leí en voz alta. La portada era la fotografía de un paisaje luminoso y una figura humana a contraluz, avanzando hacia la luz. El autor, Raymond Moody, era un venerable señor de aspecto amable que aparecía retratado en la contraportada. ¿De que iba aquello? Cuando abrí el libro, encontré una nota de Antolín: “Nadie sabe que ocurre, pero al menos, hay gente que espera encontrar respuestas”. El corazón se me aceleró de emoción.

Leí el libro en apenas dos días. Virtualmente, no pude separarme de él hasta la última hoja. Y lo que encontré en él no fueron respuestas — quizás tampoco lo esperaba — sino todo un nuevo panorama sobre la muerte — el hecho físico — que sustituyó el miedo por curiosidad. Lo leí con avidez, sorprendida que nadie me hubiera hablado sobre eso antes — ¿Por qué debían hacerlo, en cualquier caso? pensé después — pero sobre todo, agradecida de encontrar algunas cosas nuevas en qué pensar sobre morir y no sólo ese vacío enorme que tanto me entristecía y me asustaba. Lo que el doctor Moody — su libro — me obsequió, fue una nueva perspectiva sobre un tema muy viejo. Algo sobre lo qué meditar y cuestionarme.

Antolín y yo nunca conversamos al respecto. Sobre el efecto que tuvo sobre mi el libro — el entusiasmo que despertó en mi mente, la necesidad de saber más sobre el tema — ni tampoco creo que él esperara que lo hiciera. Pero lo que descubrí gracias a él es que quizás — y sólo es una posibilidad entre miles, lo admito — hay algo sobre la muerte que aún no descubrimos, que todavía no ha sido respondido. Y la mera disyuntiva consuela mucho más que preciosas ideas poéticas y románticas sobre premios y castigos Divinos. O al menos en mi caso, lo hace, pienso con frecuencia. Me concede la posibilidad de asumir que la muerte no es el final, sino que nosotros — quienes somos — sobrevivimos más allá de cualquier idea que sea parte de nuestro mundo y lo que consideramos nos pertenece. Una posibilidad de esperanza.

Con el transcurrir del tiempo, mi colección de libros sobre el tema ha crecido mucho. También su variedad. Y me anima a continuar leyendo — e investigando — la misma idea que lo hizo a los diez años: la necesidad de comprender mi vida no sólo como un tránsito hacia la muerte sino algo más. ¿Y cuáles serían los libros que me han ayudado a sobrellevar esa fatalidad de la muerte, la idea recurrente? Quizás los siguientes:

Vida después de la vida de Raymond Moody:
Médico psiquiatra y licenciado en filosofía, el libro del doctor Moody es mundialmente conocido por ser la primera aproximación seria y muy cercana al método científico sobre la vida después de la muerte o su posibilidad. Para Moody, las experiencias cercanas a la muerte, son parte de una percepción mental y física que poco o nada tiene que ver con las creencias o la cultura del individuo sino con la comprensión de una experiencia extraordinaria sin precedentes. Su libro, que se convirtió de inmediato en un éxito de librería, fue el primero en analizar el fenómeno desde un punto de vista no dogmático, lo que provocó un fuerte debate religioso y conservador sobre su punto de vista. Acusado de intentar desvirtuar creencias y sobre todo, perspectivas y apostolados religiosos, el Doctor Moody insistió en que la muerte es un hecho físico y cuantificable y que lo que ocurre a continuación, también lo es. Para el psiquiatra, las experiencias relatadas en su libro — todas virtualmente idénticas entre sí, a pesar de provenir de personas de diferentes creencias, lugares y edades — demuestra que hay un componente común (una experiencia única) que construye lo que llamó “la teoría sobre el tránsito de la vida y la muerte”. El trabajo de Raymond Moody aún se considera pionero en el ámbito de la investigación sobre las experiencias cercanas a la muerte y un inmediato referente al respecto.

Vida después de la Muerte de Elisabeth Kubler Ross:
Para la Doctora Kubler Ross, la investigación sobre las experiencias cercanas a la muerte, se basa en el método científico, por lo que su libro recoge más de 20.000 experiencias comprobadas de lo que llama “regreso a la vida”. Todos los casos incluyen los mismos elementos y que son de hecho, la base del trabajo de Kubler Ross: hombres y mujeres declarados clínicamente muertos que luego de varios minutos — incluso horas — despiertan o son reanimados. Kubler Ross demuestra no sólo que todos los pacientes entrevistados insisten en ideas y planteamientos comunes, sino que relatan la misma experiencia. En su libro narra los aspectos más importantes sobre el cúmulo de datos que obtuvo durante sus casi veinte años de investigación y además, estructura una teoría sobre lo que ocurre con el espíritu humano una vez ocurrida la muerte física.

Todos somos inmortales del físico Teórico Patrick Druot:
Patrick Druot, Físico teórico de la Universidad de Nancy y Master en física de la Universidad de Columbia, fue el primer científico en dedicar una completa investigación a las regresiones hipnóticas a vidas pasadas. Para Druot, el tema no sólo es una curiosidad en el ámbito psiquiátrico sino un verdadero esquema de comportamiento y percepción sobre la capacidad de la mente humana para reconstruir información sobre si misma. El libro, recopila una ingente cantidad de datos sobre regresiones que intentan demostrar la supervivencia de la conciencia humana después de la muerte y también, una aproximación científica sobre la posibilidad. Además, incluye el planteamiento que las experiencias cercanas a la muerte no son otra cosa que la primera etapa hacia algo más profundo dentro de la percepción de la conciencia del hombre que sobrevive a la muerte física.

Usted ya estuvo aquí de Edith Fiore:
Como el doctor Druot, Edith Fiore (socióloga y psicóloga de la Universidad de Miami) intenta demostrar la idea de la supervivencia de la conciencia humana a su muerte física a través del análisis de experiencias cercanas a la muerte y también, regresiones hipnóticas. En su libro, Fiore analiza las conexiones entre ambas ideas — que para la doctora se complementan entre sí- sino que además, describe su trabajo como terapeuta, en el cual utiliza las regresiones hipnóticas para analizar la psiquis y síntomas de sus pacientes.

Destino de las Almas de Michael Newton:
Para Michael Duff Newton, la supervivencia a la muerte es una idea sólo puede ser comprendida desde el punto de vista científico y jamás el religioso. Doctor en Psicología Consultora, Master certificado en Hipnoterapia y miembro del American Counseling Association Duff Newton teoriza sobre la muerte como un tránsito entre dos dimensiones físicas y también, experiencias sensoriales perfectamente medibles y cuantificables. Además, fue el primero en usar la hipnosis para analizar las experiencias cercanas a la muerte desde un testimonio unificado — desde la muerte física propiamente dicha al “despertar” médico, lo que convierte al hecho de morir en un proceso que puede ser comprendido desde el punto de vista médico.

Un camino hacia la luz en el umbral de la muerte de José Miguel Gaona:
Con prólogo del reconocido Raymond Moody, el libro de Gaona analiza las experiencias cercanas a la muerte sobre el hecho de los elementos idénticos que se repiten en cada una de ellas. Para el autor — Doctor en Medicina (cum laude) en la rama de Psiquiatría por la Universidad Complutense de Madrid — la supervivencia de la conciencia humana a la muerte física no se trata de una experiencia espiritual, sino a todo un compendio de datos médicos y científicos que suministran lo que parece ser una visión muy concreta sobre una experiencia idéntica común en todos los pacientes. En palabras de Gaona «Lo que nos estamos jugando al intentar comprender en qué consisten las ECM no es solo si existe vida más allá de la presente, sino también si podemos entender los complejos modelos de conciencia, incluyendo la percepción sensorial o la memoria, ya que estos procesos podrían estar enfrentados a los conocimientos actuales de la neurofisiología». En otras, la muerte como una estructura de conciencia que conduce a otra en lugar de simplemente un hecho físico cuantificable bajo aspectos médicos concretos.

Morir para ser yo de Anita Moorjani:
Anita Moorjani fue diagnosticada de cáncer terminal. Por meses luchó contra un complicado cuadro clínico, que finalmente la llevó a la muerte. No obstante, Moorjani “regresó” de la experiencia y no sólo recuperó la salud- lo que continúa siendo un misterio médico aún sin respuesta — sino que además, insiste en haber vivido una experiencia más allá el plano físico que permitió su completa curación. Anita no sólo describe una experiencia física y mental luego de su muerte sino también el conocimiento que obtuvo de ella y que ahora intenta transmitir y enseñar como parte de toda una nueva forma de comprender el tránsito entre la vida y la muerte.

La prueba del Cielo de Eben Alexander:
Quizás el libro más controvertido de esta pequeña lista. Eben Alexander III es un neurocirujano estadounidense, profesor de la Escuela de Medicina de Harvard y que luego de sufrir una experiencia cercana a la muerte en el 2008 (o como lo describe Alexander, un “despertar”) contó su experiencia en la que intenta demostrar que lo que vivió, es la prueba definitiva de la existencia de algún tipo de realidad una vez acaecida la muerte física. El médico no sólo describe de manera pormenorizada el grave cuadro médico que le sumió en un coma profundo por más de dos meses sino que insiste en señalar que su cerebro virtualmente “dejó de funcionar”, lo que le permite asegurar que toda su experiencia durante su período de inconsciencia demuestra la existencia de la vida después de la muerte. No obstante, el libro del doctor Alexander ha suscitado encendidos debates en la comunidad científica, además de recibir duras críticas sobre por la poca rigurosidad metodológica del libro. Acusado de falsear datos y ocultar información para el beneficio de la historia que cuenta, Alexander se encuentra en el incómodo terreno del cuestionamiento. A pesar de eso, el autor publicó en el 2014 un segundo libro sobre el tema El mapa del cielo: cómo la ciencia, la religión y la gente común están demostrando el más allá, en el que insiste en la necesidad de analizar las experiencias cercanas a la muerte como elemento científico irrefutable.

Yo vi la Luz de Enrique Vila Lopez:
La obra póstuma, resume más de treinta años de investigación de las denominadas Experiencias Cercanas a la Muerte. Como médico, Vila Lopez ejerció su profesión durante buena parte de su vida en el Hospital Virgen de la Macarena de Sevilla, lo cual le permitió obtener testimonios de primera mano sobre experiencias cercanas a la muerte. Para el doctor Vila Lopez, los testimonios parecían conducir a una idea única: la posibilidad que luego de la muerte física, ocurra un fenómeno muy concreto que asegure la supervivencia de la conciencia humana. Basado en el método científico, Vila Lopez recopiló testimonios y relatos hasta construir un planteamiento muy sólido sobre el hecho de la muerte física y la posterior experiencia sensorial que parece desentrañar una vez acaecida.

“Experiencias Cercanas a la Muerte de Pacientes Hospitalizados en Terapia Intensiva. Un Estudio Clínico de Cinco Años de Penny Sartori:
El libro resume la experiencia durante cinco años de Penny Sartori como enfermera de cuidados intensivos de los hospitales galeses de Singleton y Morriston y tiene la particularidad, de mostrar un punto de vista científico sobre la experiencia del personal médico durante experiencias cercanas a la muerte. Sartori no sólo recopiló testimonios de pacientes terminales y al borde de la muerte, sino incluye los recursos médicos que permitieron no sólo cuantificar la experiencia en términos instrumentales sino también, su personal punto de vista. El libro, escrito para la referencia y uso académico de enfermeras y otro personal médico dentro de la salas de Terapia intensiva, se convirtió de inmediato en un Best seller por su rigurosidad científica y cuidadosa investigación teórica.

A veces pienso que la muerte, es quizás el único hecho sobrenatural al que debe enfrentarse el ser humano. El único que no puede enfrentar realmente por medios científicos y tecnológicos y debido a eso, sólo puede imaginar y adorar con los brillantes colores de la esperanza. No es un pensamiento cómodo, lo admito, tampoco tranquilizador. Pero la muerte, en todo su misterio, quizás es una puerta abierta para cuestionarnos nuestra forma de pensar y ver el mundo, de asumir las ideas que lo crean y lo sostienen. Un reflejo fidedigno de nuestro punto de vista sobre lo desconocido y lo que nos produce terror. Un recorrido por nuestra manera de comprender la incertidumbre. Y quizás por ese motivo, es tan necesario el cuestionamiento, una mirada nueva sobre el tema. O sólo una perspectiva nueva sobre un viejo temor Universal. ¿Pueden ayudar este grupo de libros a eso? No lo sé, pero al menos puede intentar hacerlo.

Por: @Aglaia_Berlutti

4 Respuestas a “Diez libros sobre experiencias cercanas a la muerte

  1. Esta frase : “Que hermosa frase:  hay algo sobre la muerte que aún no descubrimos, que todavía no ha sido respondido.Y la mera disyuntiva consuela mucho más que preciosas ideas poéticas y románticas sobre premios y castigos Divinos.” es preciosa y para mi entender muy veraz, porque a veces me quedo pensando en ello, y tiene una belleza y tristeza a la vez, aunque la incógnita queda ahí. He compartido este post en twitter. Me ha gustado mucho. No sé por qué fue, pero yo también tenía ese tipo de pensamientos y sensaciones cuando era pequeña, como seis años, y recuerdo que a los cuatro tuve una experiencia cercana a la muerte, muy vívida, la recuerdo como si fuese ahora mismo, y sin embargo esos pensamientos me visitaban por las noches, hasta que una de ellas, con una pesadilla que más parecía real que onírica, los gritos acercaron a mi padre, quien estuvo conmigo como este gran Antolín, y se quedó sus buenas dos horas diría yo, consolándome y hablándome tal y como Antolín lo hacía. Y mi padre había sido sacerdote católico y luego pastor evangélico. Y sin embargo así lo decía él también: es un misterio.

    Un abrazo.

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