Tan veloz como el deseo

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por: Patricia Chung 

Leer a la escritora mexicana Laura Esquivel es un deleite de imágenes, sensaciones y hasta sabores. Ya bien lo demostró en su reconocido bestseller “Como Agua para Chocolate” (1989) traducido a 30 idiomas. Doce años después (2001), Laura aborda un tema que le recuerda a sus raíces familiares, le da vida a un telegrafista. Recordemos que su padre real, Julio César Esquivel ejerció este oficio.

La escritora recrea una historia mexicana llena de realismo mágico ambientada a comienzos del siglo XX, contándonos la vida de Júbilo, el último de una familia de doce hermanos, quien desde muy pequeño se convierte en un intérprete maya entre su mamá de origen español, Doña Jesusa y su abuela de origen maya, Doña Itzel. Esa trama nos engancha desde un comienzo.

La vida de Júbilo, hombre lleno de bondad, buen humor y buenas intenciones, se desarrolla entre dos pasiones, su carrera como telegrafista, oficio que usa para ayudar a los demás y su amor eterno, por la aristocrática Lucha. Las vicisitudes por las que deberá atravesar, problemas de alcohol, celos, un rival sin escrúpulos, desconfianza, falta de dinero, lo marcarán hasta que vive una tragedia personal muy lamentable.

Pero Júbilo tiene una habilidad especial, interpretar los mensajes antes que se conviertan en palabras. Así analizará a su esposa y a todos los que lo rodean. Para él, las palabras, el amor y los pensamientos viajan a la misma velocidad que el deseo.

La escritora, haciendo gala de su originalidad, cuenta como Júbilo hace una analogía entre el proceso de envío de mensajes telegráficos y la anatomía sexual de Lucha, su esposa. Hay varios tipos de amores. “Amar es un verbo. Uno demuestra su amor por medio de acciones. Y una persona sólo se siente amada cuando otra le manifiesta su amor con besos, abrazos, caricias y muestras de generosidad. Una persona que ama, siempre procurará el bienestar físico y emocional de la persona amada”.

La historia de este particular personaje la conocemos a través de su hija Lluvia quien lo acompaña hasta el fin de sus días. Júbilo llega a la ancianidad, con una salud precaria, lleno de los fantasmas del pasado, los fieles amigos, compañeros de trabajo, quienes lo conocieron muy bien y la ausencia de su esposa.

Muy bien lo expresa Laura Esquivel, esta historia es un homenaje a los telegrafistas, personajes que jugaron un papel muy importante en la historia de las telecomunicaciones, pero que lamentablemente, están en el olvido.

“Lo importante es que alguien perdure en la memoria gracias al poder transformador de sus palabras… La que más poder transformador tiene es la amorosa”.

QuéLeer no se hace responsable por las afirmaciones o juicios de valor expresados por los colaboradores en la sección de Reseñas.

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