Adentro de lo que está adentro de los libros por Sergio Marentes

Hay un libro que he leído de todas las maneras posibles, las que conozco, por supuesto. Lo he leído desde la primera palabra hasta la última; desde la última hasta la primera; palabra por palabra, degustándola completamente; aplicando la técnica de lectura rápida (la que menos disfruté, hay que decirlo) y, la que más me gusta, imaginando que lo leo. Esta última técnica, quizá la menos valorada, es la que más utilizo cuando se trata de expiar ese deseo culpable de leer. Me sirve en cuaqluier lugar y momento, sobretodo cuando no puedo (en realidad, cuando no debo de) leer. Nada más revolucionario que leer mentalmente mientras que el sistema se asegura a sí mismo que no lo haces porque no tienes un libro en tus manos.

Pues bien, volviendo al tema, mientras hacía una fila en un banco leí en mi mente un pasaje del Quijote. Sonreí y el vigilante se me acercó a indicarme que estaba prohibido sonreír en las instalaciones. Le pregunté que si sabía por qué me reía. Sonrió levemente y me dijo que sí.

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