Eloy Tizón: Desaparecer dentro de lo sublime

Eloy Tizón_© Jesús Marchamalo-2Para Edgar Allan Poe se trataba del efecto, para Julio Cortázar de la intensidad, pero para James Joyce lo que definía la fuerza de la narrativa era la súbita y momentánea revelación de lo sublime. La epifanía, que en términos religiosos significa la manifestación de un mensaje divino, pero que en la literatura contemporánea se ha convertido en una noción que ostenta la fuerza semántica de la catarsis es el fundamento de la literatura de Eloy Tizón, uno de los cuentistas más celebrados en España, con libros en este género que son de antología, como Parpadeos (2006), Velocidad de los jardines (1992) y la reciente Técnicas de iluminación.

Velocidad_de_los_jardines

Su temperamento artístico lo llevó primero a incursionar en la pintura como herramienta para buscar lo bello. Luego, cuando la adolescencia lo asaltó con la brusquedad que tienen los procesos de maduración, comenzó a destilar sus duelos en la literatura convenciéndose de que escribir era una manera de hacer soportable la pérdida. Ya desde aquellos años tenía la sensación de que vivía ciertos momentos –pocos, hay que decirlo– de revelación. Estaba convencido de que podía conocer la gracia a pesar del mundo. Y quizá lo logró. Por eso aquella purga de niño se convirtió en su profesión. Por eso sigue escribiendo. Por eso, el autor madrileño nacido en 1964 define epifanía como “un pequeño cortocircuito de belleza o emoción que se produce en el transcurso de lo intrascendente”.

En las vidas hechas de “pequeñas insignificancias”, Tizón necesita encender chispazos de belleza. Y no solo se trata de una técnica de la narrativa breve, la búsqueda de los momentos de iluminación que en los relatos fomenta su instantaneidad, en la novela se encuentran insertados dentro de un todo. “El cuento puede ser una sola epifanía. En una novela no se sostendría; alrededor de la epifanía tienen que girar otros elementos y otro sentido de la duración. La temporalidad de ambos géneros es distinta”, explica el autor de La voz cantante (2004), Labia (2001) y Seda salvaje (1995): “Hay un aspecto intuitivo en la literatura y cuando empiezo a escribir algo enseguida ya intuyo si eso va a ser un relato o una novela. No se bien si es un asunto de concentración. Es como si viera que una anécdota se puede contar en una docena de páginas, o que tiene otras ramificaciones, que hay personajes secundarios, un mayor transcurso temporal, cambio de voces y puntos de vista que implican un trabajo de una mayor extensión”.

Técnicas de iluminación

En esa búsqueda de lo noble que encierra la literatura, su herramienta más importante es la voz del narrador. No necesita esquema previo ni trama argumental, porque solo la voz lo “pone en sintonía con la escritura”. Cuando Tizón dice cosas así habla por su boca el facilitador de talleres de narrativa, el hombre que se separa momentáneamente de su obra para formar a otros escritores en clases donde, para complacencia de sus alumnos, cita a Homero Simpson con el mismo desparpajo que explica la retórica de los textos de Antón Chejov y rompe con la etiqueta de literato “pulcro” que cierta crítica le ha achacado. Es como si una voz de narrador distinta hablara por su boca. Como si fuera uno de los personajes de sus obras que en ese momento es Eloy y no Tizón. Y he allí una motivación para escribir adicional a la búsqueda de lo sublime: encontrar una voz que le habla desde ninguna parte. “Como definamos una voz es la manera como definimos la escritura”, explica midiendo cada palabra: “¿Nos encontramos ante una voz poética? ¿Ante una racional? ¿Es una voz indignada? ¿Coloquial? ¿Qué registros manejas? Lo que me mueve a sentarme por la mañana a empezar un texto es saber qué me cuenta esa voz, son las ganas de escucharla”.

Como el tramoyista en un teatro que arroja luz sobre unos espacios de la escena mientras deja otros en la oscuridad, Tizón trabaja cada pieza narrativa, sea esta breve o extensa, con la diligencia de quien solo sabe comprenderse a través de su obra. Quizá por eso su más reciente publicación se titula “Técnicas de iluminación”, porque se trata de hacer lo que mejor se le da para encender un fósforo y mirar los raros espacios de ternura que existen en este mundo ribeteado por la agresividad. La aspiración que Tizón no revela, quizá ni siquiera a sí miso, es la de hacerse invisible, meterse detrás de sus escritos, fundirse de forma paulatina en estos, convertirse en las voces de su cabeza y encontrar que más allá de la literatura, quizá en Utopía, Barataria o Macondo existe un territorio real, aunque ignoto, para lo maravilloso.

Publicado en Colofón Revista Literaria por Michelle Roche

***Foto de: Miguel Marchamalo

Una respuesta a “Eloy Tizón: Desaparecer dentro de lo sublime

  1. Pingback: Eloy Tizón: Desaparecer dentro de lo sublime (Qué leer) | Libréame·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s