La isla del hijo

La isla del padre es, en primer lugar, un libro que solo ofrece preguntas, sin llegar a aventurar respuestas. Y son preguntas a un interlocutor muy especial: Leonardo Marías Barreras, muerto a los noventa y cuatro años de edad, en junio de 2013. La obra ganadora del Premio Biblioteca Breve 2015 es un largo tributo que Fernando Marías hace a la memoria de su padre, y acaso también una excusa para mirar el sentido de su propia vida, sustentándose en la relación, a veces recelosa entre padre e hijo.

Fernando_Marías-La_isla_del_padre

Aunque comenzó a escribir la novela –aunque yo más bien me inclinaría a clasificarla con el término anglosajón de memoir, o memoria,– durante el año que siguió al fallecimiento de su padre, cuando su familia estaba en el proceso de vender la casa donde había crecido Marías y, una generación antes, su madre, Teresa Amondo Gautier, la historia comienza en la niñez de este hijo que habría de convertirse en escritor, cuando ve por primera vez a su padre y pregunta: “¿Quién es este hombre?”.

Leonardo Marías era un marino mercante que por haber estado trabajando no había podido estar presente en el nacimiento de su hijo. Por eso solo pudo verlo muchos meses después, cuando ya su hijo podía correr y hacerle la impertinente pregunta. Ese fue el inicio de una relación recelosa entre el pequeño y el adulto que habría de configurar de manera determinante la vida de quien se daría a conocer en la literatura española con la novela La luz prodigiosa en 1991.“Si yo le tenía miedo instintivo e irracional, él me tenía miedo lúcido. Sufríamos los dos, pero él, además, sabía las causas precisas de ese sufrimiento. Y buscó soluciones. Las meditaba, las analizaba, las compartía con mi madre; o no, tal vez no las compartía con ella ni con nadie”, escribe.

 

El padre que soy yo. La isla del padre ofrece la visión de la vida propia a través del final de la vida del padre, que no deja de dar lecciones. “Puede que no le importase demasiado la cercanía de la muerte, y sin duda no la temía. Enorme lección, puesta sin aspavientos ante mí. Tal vez el miedo a la muerte es un pequeño error de juventud que se cura con los años”, escribe el ganador de varios galardones en su carrera, como el Premio Primavera de Novela (2010).

La construcción del personaje resulta interesante porque Marías resiste la tentación de una investigación tradicional sobre la biografía y prefiere las memorias y lo que no fue dicho. Por esa razón las fantasías infantiles y las juveniles del narrador terminan siendo más relevantes que la biografía del hombre que de suyo ya tenía los atributos de un personaje romántico porque en su juventud fue voluntario de los ejércitos de la República en la guerra civil, luego fue obligado a enrolarse como soldado en el bando enemigo y, después fue marino mercante. Lo que hace el escritor, y lo que resulta el valor de esta obra, es convertirlo en un personaje de la esfera privada. El esposo, el hermano, el padre, sin más aditamentos.

Es ese interés en el hombre privado y no en ese que los demás hubieran podido haber visto hace que la indagación profunda, más que en los hechos, esté en las memorias. (Repito: más que una novela, este es un libro es un memoir). Y es este el vínculo con el otro gran personaje de la narración, la individualidad del escritor que comenzó a formarse desde el momento de su niñez en el cual se dio cuenta de que el extraño que había entrado en su casa para romper la tranquilidad en que vivía con su madre y su abuela era su padre. Y el día en que se fuera, sería el niño hecho adulto, el que más lo sufriría.

Por eso la marcha del padre, la muerte, es el descubrimiento de la necesidad del interlocutor. “Se escribe para uno mismo, y de forma muy excepcional para una persona concreta. Este libro es para él. De él. Me gustaría que lo leyera. Luego podríamos hablar de todo lo que nunca hablamos. Las preguntas están aquí. Todas. Casi todas. Las respuestas no. Ninguna. Ya jamás estarán”, escribe en las últimas páginas del libro editado por Seix Barral.

 Publicado en Colofón Revista Literaria por Michelle Roche

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