Miguel Ángel Hernández: “Escribir es desplegar las convenciones del lenguaje”

Miguel Ángel Hernández (Maracaibo, 1983). Poeta, ensayista e investigador. Estudió Letras en la Universidad del Zulia. Es miembro fundador del grupo literario Per-verso. En 2013, ganó el IV Concurso Nacional de Poesía con el poemario ¡Oh, lorem ipsum!, publicado por la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. Obtuvo menciones en el XIX Premio Nacional de Poesía Fernando Paz Castillo y en el I Concurso Nacional de Poesía Delia Rengifo con el poemario Un decir errado. En el año 2006, publicó junto al escritor Eduardo Pepper el libro titulado Antología del descapotable y en 2010 se editó su plaquette Cotidiano a través del Proyecto Latinoamericano de Unión Poética en Buenos Aires. Sus poemas y artículos han aparecido en De Palabra, Letralia, País Portátil, El Salmón-Revista de Poesía, Revista Hispanoamericana de Literatura UNICA, Las Malas Juntas, ExplorArt Magazine, Décima Avenida, ViceVersa Magazine y La Verdad. Actualmente se encuentra en Nueva York realizando la Maestría de Escritura Creativa de la Universidad de Nueva York.

Norge Boscán

Conocí a Miguel Ángel Hernández en el Festival de Poesía de Maracaibo realizado en el año 2013. Sus poemas retumbaron en mis oídos y me fascinó saber que alguien podía escribir un poema donde Mario y Luigi eran protagonistas. Pero esto no resume ni basta para representar a la poesía de Miguel Ángel. Sus textos publicados están cifrados en la ciudad y en el lenguaje digital. En cada verso se asoma su estilo rebelde y su crítica al entorno. Miguel Ángel Hernández se reconoce como habitante de una ciudad a la cual le sobran las letras. De las cenizas de sus ruinas urbanas surge ¡Oh, lorem ipsum!, su primer poemario. Si nos entendemos como animales sociales, admitimos que nuestra propia estridencia estará marcada por lo que nos rodea. La poesía de Miguel Ángel le da voz al caos matutino y es un grito de guerra que intenta explicar a través del verso nuestra idiosincrasia:somos así porque somos así.

En esta entrevista conversaremos con el autor sobre su proceso creativo y sus opiniones con respecto al panorama literario actual.

 

¡Oh, lorem ipsum! es tu primer poemario publicado y en él abordas la poética del entorno. Contiene, además, referencias de la cultura mediática actual, como programas de televisión y fragmentos de noticias. ¿Crees que haber nacido en Maracaibo es algo que puede marcar tu estilo poético? ¿Qué tan importante es entender nuestro entorno al asumir fines estéticos?

IMG_4804—En primer lugar, haber nacido en Maracaibo me dio un acento específico, reconocido como muy particular en Venezuela. Entonces, que el habla sea una característica fuerte no es cualquier cosa. Cada vez que digo vos o conjugo estái, sabéi o venís estoy actualizando la historia de una singularidad, pero también actualizo un sistema de valores, de modos de percepción, etc., y, por supuesto, la escritura tiene que vérselas con esto, tarde o temprano, pues la inscripción del lenguaje despliega las convenciones que lo habitan, las ausencias que lo marcan, el vacío ante la referencia, etc. Es en ese momento cuando el habla puede marcar el estilo, pues se trata de buscar un espacio para registrar una singularidad en medio de la singularidad. Ya esto dice bastante de la importancia de entender el entorno, ¿no? Pero además, señalaré lo obvio: El entorno funciona como contexto del texto, lo atraviesa en mayor o menor medida, de modo que la lectura también pasa por ahí.

¿Maracaibo?

No, no conozco esa ciudad.

En ¡Oh, lorem ipsum! introduces también cuantiosos elementos digitales. Links, referencias de descarga, códigos y mensajes cifrados son parte de tu propuesta en este poemario. ¿Crees que la cultura digital es un rasgo imperante en la poesía actual? ¿Puede un nativo digital escribir poesía en la actualidad sin estas referencias?

—No sé si sea imperante en la poesía actual, pero el tema de la cultura digital sí que impera en general, y como todo imperio, no da tregua. Ahora bien, he dicho «el tema» porque me parece que es de esta manera, nombrada, tematizada, como se muestra en varios de los textos que he tenido oportunidad de leer, principalmente en línea.

Por mi parte, en ¡Oh, lorem ipsum! y otros textos me interesaba más bien cómo las respectivas estructuras de la red y el lenguaje se contaminan una a otra. Pongo un ejemplo: En 2011 creé una cuenta en Twitter con la intención de familiarizarme con la «sintaxis» ahí propuesta; me parecía que podía llegar a funcionar en el contexto del poema. Pensaba, por ejemplo, en casos en los que alguien escribe —por decir algo— «siempre» junto a un enlace. ¿Cómo voy a leer ese siempre? Es necesario abrir el vínculo y leer, escuchar o ver lo que esté ahí para que esa palabra tenga un contexto que le dé una dirección. En ese sentido, podríamos entender el tuit como un texto subordinado a la referencia del link o viceversa, según sea el caso. Es decir, más que nombrar la Internet, pretendía que sucediera en el poema, con las consecuencias (con las tergiversaciones) que conlleva tal recontextualización: No puedo cambiar un organismo de hábitat y esperar que no suceda nada.

Con respecto a si un nativo digital puede esquivar la referencia a la cultura digital, no veo por qué no pueda hacerlo. Sin embargo, no olvidemos que el tema impera, de modo que el ejercicio de burlar ese imperio será necesariamente propio de una resistencia, de una guerrilla: puede caer preso, huir en silencio o crear una máquina cuya potencia altere el orden imperial, aun cuando sea por un breve tiempo.

Los links nos llevan hacia otros textos o videos, pero como todo en Internet, son enlaces que pueden desaparecer si el servidor donde están alojados también desaparece. En ¡Oh, lorem ipsum!hay versos representados por links. ¿Estos enlaces cumplen una función más allá de su propio fin digital? En un poemario físico, ¿importa conocer que se trata sólo de un link o el mensaje que se encuentra en el enlace puede formar parte de nuestro poema?

—Como se puede intuir de la respuesta anterior, esos enlaces son entendidos como enunciados, pero son enunciados replegados, y para desplegarlos habría que seguir el enlace. En el caso que aparece en la imagen, es un estatus tomado de Facebook, y como cualquier estatus, da pie a una cantidad de comentarios, que entonces se irán sumando al poema desplegado.

IMG_4807Ahora, como bien apuntas, puede pasar que un enlace no lleve a ninguna parte, que el contenido sea eliminado, que solo nos topemos con el Error 404, etc. Tres preguntas subyacen en esta estrategia: 1) ¿Cómo asumimos la pérdida de referencias, de personas, de paisajes, de objetos, etc., que dejaron de ser cotidianos o que ya no existen? 2) ¿Es posible la existencia de un significante vacío? 3) ¿Cuál es el movimiento del lector para cubrir esas ausencias y restituir los significados, de modo que todo tenga sentido nuevamente?

De todas formas, aun cuando en ¡Oh, lorem ipsum! los links llevan a un desarrollo del texto, no podemos olvidar que el lector siempre es un elector, siempre toma decisiones que encaminan la lectura. Así, hay quien me ha comentado que no ve necesario ir a ver qué hay en esos enlaces, que el poema funciona más allá de eso, y entiendo que es una lectura válida.

Publicaste un libro digital de catorce páginas llamado Sin conexión. En él expones de forma breve la problemática que surge de vivir inmersos en lo digital. ¿La poesía que dialoga con los elementos de Internet busca, de alguna manera, crear conciencia sobre sus posibles daños?

Untitled-1—Depende de los movimientos que animen el texto; es decir, de la toma de posición consciente respecto a este fenómeno, de la ideología que nutra la escritura, de cuanto de deseo y frustración haya en ella, etc. En todo caso, si cierta poesía busca crear una determinada conciencia, ¿hablaremos de una prescripción, de un texto pedagógico?

Más allá de eso, creo que se trata de un signo que habla de los momentos que vivimos, por eso me interesa este tema, por lo que se puede leer de nosotros a través de las redes sociales.

¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Crees que mantengas en tus próximos poemarios el estilo que manifiestas en ¡Oh, lorem ipsum!?

—Ahora mismo estoy trabajando en un proyecto aún larvario que espero desarrollar acá en Nueva York. Todavía son muy pocos textos y es muy pronto para saber si llegarán a algo.

También, estando aún en Maracaibo, empecé otro proyecto que parte de una relectura de Miguel Hernández, de algunos de sus poemas. Ya di el primer paso, pero debo ver todavía cómo se va desarrollando. Por los momentos, está en pausa por la mudanza y por otros textos, pero no abandono ese proyecto.

Con respecto a si mantendré la ruta trazada en ¡Oh, lorem ipsum! solo puedo hablar de lo hecho desde entonces.

Luego de un «descanso» de ese poemario he escrito otros dos, uno más afinado que el otro, y cada tanto los reviso. En el primero intenté llevar un poco más lejos algunas estrategias discursivas de ¡Oh, lorem ipsum! y con el segundo pretendí darle la vuelta a todo eso; me pareció que se estaba convirtiendo en una fórmula y apenas había riesgo ya, de modo que practiqué otro tono. De todas formas la escritura de ese poemario fue tomando su propio trayecto, uno en el que se fue «dañando» el lenguaje; lo que empezó con un tono más sosegado fue tomando velocidad y como contrayendo fiebres en el camino que lo alteraron.

En todo caso, yo puedo decir un poco más de temas o de intenciones, pero al final serán los textos, si se mantienen, los que digan algo de sí mismos.

La Alt-Lit es un movimiento literario cuyo auge ha estado representado por la manifestación de la cultura digital en sus textos. ¿Qué opinas con respecto a esta vertiente literaria? ¿Consideras que es el «gran movimiento estético de nuestra época»?

—De la Alt-Lit me llama la atención la propuesta, el planteamiento teórico, por llamarlo de alguna manera (que un meme pueda funcionar como poema, por ejemplo), pero la ejecución de ese concepto no siempre es el que más me atrae. Puede ser una cuestión estética nomás, que disfruto más otro tipo de texturas. Sin embargo, mi impresión es que por su propio planteamiento de asumir el Internet como literatura (estoy simplificando, claro está) muchas veces no pasa de nombrar tal red social, tal conversación en un chat, etc., y no llega a problematizar los lenguajes que convergen en el poema o el relato.

Sin embargo, también hay que tomar en cuenta que este movimiento surge de nativos digitales, gente que probablemente no recuerda nada antes de Internet (con sus excepciones, por supuesto), de modo que su entorno «natural» es la red; en ella aprendieron a establecer relaciones, a compartir, a leer, a desear; la posibilidad de expresión tal vez no se entiende fuera de ella. Siendo así, es normal que no siempre haya un cuestionamiento de la web como lenguaje, después de todo es concebida como naturaleza.

Yo, en cambio, tengo al menos veinte años de memoria pre-Internet; no soy un nativo digital. Esto puede no ser determinante, pero da pistas de la lectura que hago sobre la Alt-Lit.

Por último, si es el «gran movimiento estético de la época»… No lo sé. Simplificaré para no seguir extendiéndome: Creo que es necesario que en algunos años aún podamos ver un conjunto de textos que sobrevivan al boom y además que podamos hacer una lectura transversal en la que encontremos recurrencias. Sin contar que asumirla como el gran movimiento actual sería reducir todo a lo que las redes sociales nos muestran.

 ¿Crees que las redes sociales han cambiado nuestra manera de abordar la poesía?

—Sí, primero como lectores y luego como escritores, si es el caso.

La presencia de las redes sociales es tan grande que cada vez menos admite cuestionamientos; es algo que damos por hecho, es lo normal, lo natural. Las redes, e Internet en general, tienen que certificar todas nuestras experiencias: adonde vamos, con quien, lo que comemos, etc. Podría pensarse que se trata del Gran Otro actual (si he entendido bien el concepto), de modo que todo debe pasar por él para que adquiera sentido. No hacerlo es jugar en el filo de lo absurdo, pero también da pie para preguntarse por los presupuestos a través de los que vivimos y que mantienen a salvo el orden simbólico. La poesía, como una experiencia más, queda supeditada a esta exigencia (social, pero principalmente interna). Como apunta el filósofo Boris Groys: «Today, we practice our dialogue with the world primarily via the Internet. If we want to ask the world questions, we act as Internet users». Por eso acudimos diariamente a las redes para socializar e intercambiar lecturas, que está muy bien, ¿pero qué pasa con la poesía?, ¿no suele ser esta una apuesta contra el sentido, entendiendo por este, además, lo dado, la palabra autorizada, el objeto de fácil circulación? Luego, si nuestro acercamiento al poema parte de los criterios que nos suministran las redes sociales, seremos usuarios leyendo y clicando poemas tan contundentes como lo pueda ser un estatus o un tuit promedio, que no altera el lenguaje en lo más mínimo, que deja todo como si nada, como si no hubiera hecho falta, finalmente.

Escribiste hace poco un artículo que tocaba el tema de la lectura y la forma como en las redes sociales todo pareciera estar representado por las estadísticas. Indicaste, además, que el like es la única demanda, solo gustar, no disgustar (dislike), mucho menos degustar. Es decir, todo lo que se publica está ahí para sumar me-gusta porque es eso lo que permite el formato. Sin embargo, Mark Zuckerberg, creador de Facebook, indicó en noticias recientes que la plataforma está trabajando en la implementación de un botón de “no me gusta”. Si consideras que el botón de “gustar” puede tener impacto en nuestra forma de abordar la literatura, ¿cuál crees que será el efecto de este nuevo botón?

—En principio, no creo que represente mayor diferencia. La idea es que nos mostremos: qué nos gusta y qué no. Con base en esos datos las redes sociales, ciertamente, nos conocen incluso mejor que nosotros, pues hasta se anticipan a nuestros deseos, pero sobre todo nos proporcionan la publicidad más apropiada para nuestro newsfeed. Sin ir muy lejos, hace un par de días me levanté y tenía un correo electrónico de Spotify en el que me informaban de que el nuevo disco de una banda que me gusta estaba ya disponible en la plataforma. Es magnífico, ¿no? Ciertamente, pero también habla de la vigilancia como modo de vida, del deseo de ser sujetos enunciadores (recordemos el viejo lema de YouTube: Broadcast yourself), pero devenidos en suministradores de datos para el mercado.

Kenneth Goldsmith es un poeta norteamericano que ha dado mucho de qué hablar por su forma de abordar los procesos creativos en la actualidad. ¿Qué importancia consideras que tiene su figura en el panorama literario? ¿Crees que ha tenido suficiente influencia en Latinoamérica?

—Bueno, el panorama literario es muy amplio. Creo que sobre todo ha influido en la poesía de habla inglesa a ambos lados del Atlántico; es una impresión. En todo caso, por su exposición mediática, ha sido, junto con Vanessa Place, la principal referencia de la poesía conceptual estadounidense, para bien o para mal. Por esta misma condición de estrella del «panorama literario» es comprensible que encuentre adhesiones y rechazo. He leído críticas sobre su propuesta de escritura no-creativa que van desde la gran dependencia a Internet, pasando por su arte de convertirse en tema de conversación, hasta la manera en que la escritura conceptual funciona como ramificación literaria del capitalismo estadounidense.

Por ejemplo, el mexicano Heriberto Yépez ha sido uno de los que más ha criticado el movimiento de la escritura conceptual y creo que apunta en la dirección correcta en sus críticas; sin embargo, por lo general siento que podría llevarlas aún más lejos, desarrollarlas a fondo. Por otro lado, muchos de los textos que celebran los «experimentos» conceptuales se quedan en eso, en el goce del artificio, del elemento formal, sin siquiera preguntarse por las consecuencias discursivas que conlleva: ¿Qué pasa si se ordena alfabéticamente el poema fundador de una nación, un texto con el que crecen los niños? ¿Adónde lleva el desplazamiento hacia un marco poético de las declaraciones jurídicas de hechos, textos transcritos por funcionarios en los que se pretende dar cuenta de hechos sin incluir argumentos, a favor o en contra? ¿Qué cosas se ponen en juego en ambos casos? Creo que atendiendo a los gestos propuestos se puede dar con lecturas más sustanciosas.

Con respecto a si Kenneth Goldsmith ha tenido suficiente influencia en Latinoamérica, creo que primero habría que preguntarse si es necesario que la tenga. Tal vez no encuentra resonancia porque no funciona como vehículo para las voces en nuestro contexto. Por ejemplo, la transcripción fiel de páginas o artículos de Internet podría entenderse en el caso de Estados Unidos como una forma de dar paso a la lentitud en medio de una economía caracterizada por la velocidad. En este sentido, es posible entender este gesto de escritura como una respuesta (política) a dicho ritmo impuesto. ¿Pero funcionará de la misma forma en Venezuela o en Brasil? Ciertamente no. Habría que fundamentar dicha transcripción de otro modo, darle otro contexto para que funcione. Dos ejemplos: En México, Hugo García Manríquez hace una relectura del Tratado de Libre Comercio en Anti-Humboldt al resaltar fragmentos de dicho documento, mientras que otros, aunque legibles, se muestran al fondo, y Sara Uribe, en Antígona González, transcribe las voces de las madres de desaparecidos, intercaladas con textos que se comunican con dichas voces. En ambos casos hay un diálogo con el contexto que parte de la reescritura y la apropiación de voces, en ambos se trata de estrategias discursivas que funcionan en el marco de la poesía contemporánea.

Con todo esto lo que quiero decir es que no es suficiente tomar una propuesta de escritura y asumirla porque parece atractiva o experimental, sino que esa propuesta también requiere una relectura o una actualización que la disponga, si es posible, para dar paso a una poética en otra lengua, en otro contexto, etc.

Eres fundador y coordinador del grupo literario Per-versos, grupo que además surgió en tierras marabinas para organizar lecturas colectivas, dando paso más adelante a la publicación de fanzines. ¿Qué fines cumple ahora este grupo literario y cuál ha sido su mayor logro hasta ahora?

—En estos momentos la idea es que se mueva a lo virtual, principalmente con videos. Pero es algo que aún está en fase de preparación.

logo_per-versoEl mayor logro, según entiendo, fue acostumbrar a Maracaibo a esperar una actividad relacionada con la literatura con regularidad. En 2007, cuando empezamos con un recital, no era tan frecuente que se hicieran lecturas; de hecho, fue por eso que decidimos organizar esa primera: hicimos la actividad a la que queríamos ir. Convocamos a un grupo de amigos que estaban escribiendo y leímos. Con el tiempo empezamos a experimentar con las actividades, a variar, y entre 2009 y 2011 llegamos a tener casi un promedio de dos eventos por mes. Luego de esto entramos en dinámicas de vida que hacían más difícil tener la disposición necesaria para mantener ese ritmo, de modo que las actividades se fueron haciendo cada vez más separadas una de otra. En todo caso, desde entonces también se sumaron grupos que igualmente empezaron a hacer sus eventos y eso ayudó a mantener las expectativas, a esperar algo.

¿Quiénes son tus mayores influencias literarias?

—Dante, T. S. Eliot, Octavio Armand, Juan Calzadilla, Blas Perozo Naveda, los concretistas brasileños, san Juan de la Cruz, san Agustín, Góngora, Kenneth Goldsmith, Vanessa Place, Juan Sánchez Peláez, Rimbaud…

¿Qué autores jóvenes venezolanos recomiendas leer?

—Jairo Rojas Rojas, Jesús Montoya, Luis Ángel Barreto (si aún pasa por joven), Octavio Armand (quien es «guantamaracucho» y dice ser más joven que yo, y le creo), Julio Puche, Pedro Varguillas, Alejandro Castro…

 

Pueden seguir a Miguel Ángel Hernández en:

Facebookhttps://www.facebook.com/miguelher?fref=ts

Twitter@mahernandez83

 

ENTREVISTA PUBLICADA EN: HTTP://DIGOPALABRATXT.COM/ POR: ORIETTE D’ANGELO

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