“La identidad suspendida” de Fernando Yurman: realidad y ficción en Venezuela

Por Ángel Arellano

http://www.angelarellano.com.ve

Venezuela, un país que vive entre la ficción y la crisis, ha moldeado su cultura en base a falsedades, irrealismos, ficción, subestimaciones o exageraciones. El historicismo mitificador de la égida independentista y otros tantos hechos manoseados por el populacho, relator de la nación victoriosa del siglo XIX, ha narrado en kilómetros de tinta que permanece fresca en el subconsciente de la sociedad, un antecedente majestuoso que nos obliga a construir un presente igual o más glorioso, aun cuando el Estado promueva, basado en una peculiar interpretación de esos mitos, un proyecto totalmente distinto que ha colocado a la Patria de Bolívar en la penuria y la precariedad.

Fernando Yurman. La identidad suspendida

            Fernando Yurman, psiquiatra argentino llegado a Venezuela en 1976, se aventuró en describir el perfil sociológico del país. Echando mano de su experiencia clínica y docente, se interna con párrafos de minuciosa confección en el retrato de la fábula que somos como sociedad.

            El libro “La identidad suspendida”, editado por Alfa en mayo de 2008 para su Colección Trópicos, es una aproximación al diagnóstico nacional desde el lente de un psicoanalista. Yurman, autor además de “Crónica del anhelo” (Monte Ávila, 2005), entre otras obras, examina los rasgos de la sociedad que lo recibió en tiempos de bonanza petrolera, un hecho que marcó la fábula de la abundancia permanente y necesaria: “configuró una economía rentista, aseguró sordamente la preeminencia del carácter distributivo sobre el productivo, la expectativa fantaseada de la fortuna divina, y la función de un padre imaginario providencial sobre la práctica transformadora cotidiana” (Yurman, 2008:58).

Además, la refundación del Estado impulsada por la Revolución Bolivariana, consolidó la sobre-estimulación de dos elementos característicos de nuestro devenir histórico: el paternalismo y el reclamo difuso de una sociedad que no se encuentra con el progreso:

En un gesto bizarro, revelador, la República de Venezuela fue rebautizada República Bolivariana de Venezuela. El hijo funda el origen, y define al padre. Como un padre de sí mismo, este gesto sustituye al padre en el acto de nombrarse. De ahí deriva que la norma y el impulso sean lo mismo, que el Superyo esté tomado por una debilidad estructural, la pulsión invade la razón y se disfraza. (Ibíd.:91)

            El reclamo, es decir, la demanda de recursos por venta de hidrocarburos que edificó la creencia de que Venezuela estaba llamada a ser un territorio de riquezas y excesos sin que esto se produjera a partir del trabajo y el esfuerzo nacional, no ha tenido, de acuerdo con el escritor, ninguna precisión ideológica que transformara los recursos del petróleo en la fijación de un proyecto específico. Según Yurman, “nacido de una coyuntura parcial, el reclamo se vertebró de modo difuso hacia un poder responsable más difuso aún. El núcleo de la acción seguía irreductiblemente enigmático. La explicación política utilizó el enigma, no lo esclareció” (Ibíd.:54).

            El caudillo, el liderazgo mesiánico, las promesas del populismo y la inacabada materialización de un país incluyente en el que se reconozcan todos los sectores, han sido factores invitados por una sociedad propensa a recibirlos. Para explicar esta situación, el escritor cita a historiadores que han estudiado a fondo nuestra experiencia social: Germán Carrera Damas, Luís Castro Leiva, Elías Pino Iturrieta, Inés Quintero y otros. “Casi con el mismo vértigo con que se configura un trauma, con los mismos rápidos esbozos sensoriales de una alucinación, se desencadenó el ‘temple’ ideológico de Venezuela con el bolivarianismo actual” (Ibíd.:89). Fenómenos como los nuevos ricos del chavismo, la incoherencia del liderazgo gobernante y la “magia” de la imaginación y el simbolismo, son asuntos que atiende Yurman.

            El psiquiatra sienta a Venezuela en el diván para invadirla, recorrerla y diagnosticar la enfermedad, sus causas, síntomas y consecuencias. Estudia el alma, se adentra en el subconsciente patrio citando infinidad de plumas que enriquecen sus líneas. Borges, Ramos Sucre, García Márquez, Weber, Popper, Hobbes, Schmitt, y el siempre necesario Freud, son nombres que no han faltado en estas páginas. La pintura, la música, las letras: artes con las que el autor recrea ejemplos para ilustrar sus planteamientos. Yurman hace del psicoanálisis una herramienta para estudiar la cultura ciudadana, los valores y antivalores, el amor por los mitos y el rito a la farsa del país “sobre-historizado” (o sobre-idealizado) que tiene como paciente.

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