“Ni Magdalena ni Clemencia Isaura” de Mariana Libertad Suárez

En el año 2005, gracias a un concurso de autores inéditos de la editorial Monte Ávila, Mariana Libertad Suárez publicaba su primer libro: un ensayo acerca de una generación de escritoras venezolanas olvidada por la historia, a quienes agrupaba bajo el rótulo de Criaturas que no pueden ser. Una década más tarde, desde ese extraño territorio que simboliza un libro de cuentos, Suárez no sólo demuestra que estos seres sí fueron, sino que también consiguieron transformarse hasta convertirse en nuevas entidades.

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El libro Ni Magdalena ni Clemencia Isaura (Bubok, 2015), toma su nombre de uno de los versos de “Meditación en el umbral”, la obra emblemática de Rosario Castellanos, en la que se llamaba a buscar “otro modo de ser humano y libre”. Siguiendo esta exhortación, Mariana Libertad Suárez construye a nueve mujeres que tras el ultraje, el maltrato, y la vejación se reinventan y responden a cualquier vicisitud que se les atraviese en el camino.

El primero de los cuentos narra lo que desde las corrientes psicoanalíticas cercanas al feminismo se ha entendido como la formación del Superyó femenino. En “Provocación”, se construye a un personaje que absorbe todas las culpas del entorno al extremo de sentirse permanentemente en falta.  Magdalena, la protagonista de la historia, cargará en su conciencia las demandas de apego y obediencia que la obligan a sufrir una serie de exclusiones hasta que, tras experimentar la maternidad, toma la decisión más importante de su vida. Desde ahí, se tejerá un ritonello, como lo indica el subtítulo del libro, donde enfrentaremos una serie de historias diversas en formato e intensidad.

Aparecen, por ejemplo, cuatro “literalidades”, un grupo de minicuentos en los que una perra, una diosa, una cuaima y una reina se apropian de los estereotipos de género y responden desde el lugar donde la sociedad las ha hecho visibles. Ser hombre o ser mujer se convierte dentro de estas pequeñas historias en un elemento fundamental para la estructura imaginaria del yo, ante lo cual, las cuatro protagonistas detonarán el sistema normativo y propondrán nuevos espacios para sembrar la empatía y desarrollar la identidad.

También está presente una inmigrante que a ratos se hermana con los personajes de la novela Deambulando hacia la lumbre (2010). El personaje central de “Raimundo y yo” es una mujer venezolana que, desde una suerte de bovarismo hispano,  y quizás sin darse cuenta, hace que los hombres de su entorno inmediato se replanteen sus creencias acerca de la masculinidad. Al ser objetivados, acosados y deseados, los varones latinos comienzan a preguntarse cómo deben comportarse, mientras que la voz narrativa se piensa a sí misma de la racionalidad más naturalizada.

Por último, este libro cierra con “El eco de la eternidad”, un cuento de amor en el que dos mujeres, que han participado en movimientos insurreccionales y que en su cuarta década de vida se reconocen a sí mismas como subjetividades cargadas de pasiones y sexualidad, dialogan sobre temas que hubieran estado prohibidos para ellas pocos años antes de ese encuentro. La autonomía, el saberse individuales y únicas, hace que todo proceso de intersubjetividad adquiera nuevos matices. De este modo, al leer Ni Magdalena ni Clemencia Isaura estaremos frente una génesis fragmentaria y contradictoria que expone la presencia de una nueva mujer en América latina.

Para comprar el libro o descargar la versión digital de forma gratuita, visite el enlace: 

 

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