#ReseñaQuéLeer “Vestier y otras miserias”

Reseñado por: Víctor Álex Hernández

Título: Vestier y otras miserias

Autor: Naida Saavedra

Editorial: Verbum

Año: 2015

Nº de Páginas: 102

ISBN: 978-84-9074-177-1

Texto contraportada por: Roberto G. Fernández

“En Vestier y otras miserias, mediante una prosa directa y coloquial, Naida Saavedra nos presenta una narrativa cuya unidad temática se logra a través del espacio donde se desarrolla y los comportamientos aberrantes de los personajes que deambulan por este mundillo matizado por el  costumbrismo. La ambigüedad entre lo verídico y lo ficticio permea la obra. El lector se cuestionará si lo que está considerando son simples casos de obsesivos compulsivos o si lo que tiene ante sus ojos son perversiones y bestialismos, disfrazados en la ficción. Parte de la colección apunta hacia una sexualidad cuestionable reflejada en los personajes masculinos: ese novio que viola a una perra o el sacerdote episcopal que practica lucha libre ataviado en hilo dental en un lodazal y mujeres que aguardan el retorno de amores tullidos. Se trata de un recorrido por un barrio en algún lugar suspendido entre lo cotidiano y lo inverosímil.” 

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No estamos ante una antología de relatos más. Al menos no en mi opinión. Por resumir mucho la cosa, diré que nos encontramos ante una autora que posee un PhD en Literatura Latinoamericana, ejerce la docencia, procede de Venezuela aunque vive en Georgia (Estados Unidos), es también traductora. Si a esto le añadimos que lleva ya unos años acumulando diversas publicaciones y premios literarios, uno se puede hacer una idea preconcebida de lo interesante que puede llegar a ser esta última colección de relatos que una editorial de renombre como Verbum ha tenido el acierto de sacar a la luz. Sin profundizar mucho en la vida de esta escritora, les diré que si somos de los que pensamos que la breve descripción biográfica de un artista nos ayuda a adivinar o presuponer la calidad de su obra, aquí tendremos un claro argumento para seguir manteniendo nuestra convicción.

Saavedra profundiza en los temas que me interesan a mí tratar (feminismo, machismo, diáspora, sexualidad, amor, instinto, vida y muerte, entre otros); el género que usa es mi predilecto (narrativa breve o cuento); y su estilo se acerca muchísimo al que intento día a día cultivar sobre mis hojas en blanco (habrá que leerla para descubrirlo). Sin embargo, toda idea preconcebida que pudiera tener sobre esta autora se ha quedado pequeña en cuanto he comenzado la lectura de Vestier y otras miserias, y me he visto sumergido en un universo literario donde se despliegan toda suerte de técnicas narrativas a cual más potente.

Estamos ante una colección de relatos que se pueden disfrutar a dos niveles. El público general podrá deleitarse con la originalidad de las historias a pesar de su cotidianidad, con la repercusión que obtienen sus estrambóticos personajes a pesar de su infinita humanidad, con el uso del lenguaje coloquial llevado a su máxima expresión a pesar de su extraordinario realismo. Por otro lado, el lector más avanzado en el campo de las letras, aquel que conoció los clásicos y la tradición literaria, además de disfrutar de todo lo anterior, podrá también, a su vez, escuchar los ecos de los grandes maestros de la Literatura Latinoamericana a medida que pasa las páginas. Se hace evidente, para él, que la autora ha bebido incansablemente de dichas fuentes, como bien indica su titulación. Y pocas cosas hay en el mundo más placenteras para este tipo de lector que descubrir dichas influencias en la literatura más contemporánea.

Además, con cada uno de los ocho relatos, Saavedra parece proponerse un reto narrativo diferente que logra culminar con indiscutible éxito, dejando al lector con la sensación de no saber cómo lo ha conseguido. El uso que hace de los diálogos es un claro ejemplo de esto. Así, vemos como es capaz de lograr en ciertos cuentos (p.e. en “Vestier” o en “Un hombre de bien”) que la totalidad de los diálogos, por su ausencia, ocurran en la imaginación del lector. Luego, en otros (p.e. “Dios está ocupado”) decide dejarnos fuera de cámara a una de las dos partes del diálogo, con lo cual, lo que inicialmente parece un monólogo del narrador es en realidad un intercambio un tanto especial; como cuando escuchamos una conversación telefónica ajena y tenemos que imaginar lo que dice el interlocutor al otro lado de la línea en base a las respuestas de quien tenemos a este lado. Y luego, por último, en relatos como “Hay que matar el gen”, Saavedra sí que utiliza el diálogo completo, donde podemos oír toda la conversación, pero lo hace en una forma muy inusual: sin acotaciones, sin guiones, en el mismo párrafo lo que dicen unos y lo que les responden otros. Y, sin embargo, a pesar de estas dificultades, pronto nos damos cuenta de que no necesitamos las acotaciones para seguir las conversaciones, y nos preguntamos ¿cómo es posible?

Así, de su mano, a su antojo, avanzamos por su prosa, casi sin tomar aire, hasta el octavo y último relato, donde la autora decide hacer un triple salto mortal, una pirueta estilística al alcance de muy pocos, de esas que si te salen mal terminas con varias vértebras rotas. Pero ella, una vez más, clava el salto. Es ahí, en “Un ritual para ti”, donde Saavedra, en la voz de la narradora, decide dirigirse directamente al lector en segunda persona. Y no sólo se arriesga con eso, sino que además escribe un cuento carente de acontecimientos, de acción, porque en realidad nos habla de la acción nuestra de cada día, con la que la mayoría de los lectores nos podemos sentir identificados, incluso aquellos para los que en un principio podía parecer que no iba dirigido este relato, y… ¿qué puede haber más interesante que nuestra propia vida cuando nos la cuenta otro?

Resumiendo, en Vestier y otras miserias tenemos una deliciosa mezcla, milimétricamente contrapesada y equilibrada, de comedia con tragedia, de amor con perversión, de sexo con violencia, de honestidad con hipocresía, y de empatía con antipatía. El lector se verá sometido a la obligación de reflexionar sobre lo que tiene dentro y sobre lo que le rodea, sintiendo que sus vergüenzas han sido descubiertas y exhibidas en la plaza pública. El único consuelo que le quedará es aquel de los tontos, el hecho de no haber sido el único al que acaban de desenmascarar, de no estar solo en este mundo lleno de miserias humanas.

QuéLeer no se hace responsable por las afirmaciones o juicios de valor expresados por los colaboradores en la sección de Reseñas.

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