Para sacar a la luz

Quien conoce a Georgina Ramírez, sabe de su entusiasmo por la poesía. Sabe de su presencia en las redes sociales, en las páginas web, en las revistas y en los eventos en pro de la difusión de la poesía. En oportunidades, como suele ocurrir, el entusiasmo nos lleva perder el foco, aunque siempre, siempre, el resultado será una ganancia. Quizás a quienes hemos dedicado la vida profesional al servicio del poema, nos parezca excesivo la inclusión de ciertos textos o autores al momento de materializar (en papel, pantalla o de viva voz y presencia) aquel objeto que a tantos nos obsesiona: el poema. No obstante, como se ha dicho, la ganancia está asegurada: la poesía sale ganando, aunque pierda.

Conocí a esta autora en una sesión de los tan difundidos Jamming poéticos; luego tuve la oportunidad de compartir con ella en los eventos que organizaba junto a Sandra Juhasz en un hermoso restaurant de El Hatillo, con la complicidad de Aloma Henríquez, donde la música (en esta oportunidad protagonizada por el bolero, verdadera oración nocturna interpretada por la voz de mi madre con la intención de arrullar a sus críos); y, finalmente, en un entrañable viaje a Maracaibo, donde debí presentar su segunda publicación Lo que calla la noche (Ediciones del Movimiento, 2015), a la que precedía Piel de durazno (Taller Editorial El pez soluble, 2010). Hoy tenemos la dicha (siempre es una dicha) de colocar nuestra mirada sobre Daño oculto (Oscar Todtmann Editores, 2015), movidos por la invitación que nos hiciera Luna Benítez a conocer la colección de poesía de esta editorial.

Tras los pasos cotidianos del poeta suelen marcarse otras huellas, la de la carga dichosa que lo acompaña, sin que podamos verlas: la experiencia hecha poesía. Lo oculto, así, no es solo el daño (producido por quien o lo que sea) sino también la plenitud bajo la forma de la dicha. Este oxímoron es epicentro sensible de todo aquel que vive la poesía como si pudiera palparla y no solo verla. En este poemario (colección de poemas presentado bajo la forma de unidad) el daño no siempre es, aunque a veces es impacto positivo en el espíritu. Es una historia que corre, sí, paralela a la que en apariencias es, pero que el autor o la autora percibe quizás de manera más consciente que sus propios “logros” en la vida personal y familiar.

El libro está dividido en tres conjuntos: “Dentro del vidrio”, “De sutura” y “Fuera del vidrio”. Esta maquinación de la inteligencia que a veces priva sobre el sentimiento es lo que va a dar unidad al conjunto todo. No obstante sabemos que estamos frente a un poemario y no a un libro de poesía: en los del primer tipo apreciamos una colección (así como aquellas de estampas o recortes de la infancia), un ordenamiento de poemas producidos en un mismo período o en períodos diferentes, a los que vemos posteriormente pertenecer a una sola cosa. Los libros de poesía, en cambio, son escritos todos bajo una misma idea, pensada o intuida, aunque a veces se vean atravesados en su escritura por los avances de otro libro o por las lecturas del momento.

Este Daño oculto de Georgina discurre sin mayores tropiezos (estos, a fin de cuentas, son parte de la vida) y en un ritmo “in crescendo” arriba a las playas de la parte última, a nuestro juicio, la mejor acabada del conjunto todo, si desmerecer los buenos logros de las dos anteriores. Los epígrafes que introducen cada apartado (o cada texto, en algunos casos), cumplen la función propia de estas especies, pues dialogan casi a la perfección con los núcleos temáticos que presentan. No observamos en este libro la falla tan frecuente cuando se utiliza este recurso: superar con creces al poema. Acá los textos que suceden a los epígrafes (generalmente de grandes autores) arrastran al lector a su terreno y lo obligan a reconocer su propia valía.

Aunque el texto introductorio de Edda Armas es una buena guía, Daño oculto no precisaba de ninguna presentación. Ocurre que nuestra debilidad como autores (me incluyo especialmente), nos lleva a buscar un aval que en oportunidades no necesitamos. Georgina está lista para navegar a solas, entregarse a las aguas del poema y naufragar, si es necesario, en las sensibles playas de la palabra oblicua. Está ya preparada para arrojar su barcaza al mar y enfrentar en soledad aquello que ha venido tentando: los demonios de su carne y de su espíritu.

La muerte (del padre), la sexualidad y la búsqueda de sí en los intentos de metaforizar lo que no admite otro ropaje, podrían ser los centros sensibles de su libro. A veces, estos se confunden, comparten territorios, porque la vida es una sola y las etiquetas solo son leyendas  inocuas del mapa cuando de poesía se trata.

El poema “Oráculo” es uno de los que más me estremeció: el texto finaliza con lo que consideramos el poema todo, el recuerdo o el miedo, el fantasma o el guía protector. Por ello, copio solo este final:

                                   En cada esquina de esta casa

                                   está tu sombra

                                   salpicada de noche

                                   amaneciendo

 

                                   Padre

                                   no apagues la luz

 

Bienvenida esta nueva publicación de Georgina Ramírez. Quedamos a la espera del salto definitivo a las oscuras aguas del poema.

Miguel Marcotrigiano L.

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